martes, 19 de abril de 2011

Lo que más me gusta del mundo.

Me tocó vivir en este mundo, nunca nadie me preguntó si quería venir, no me consultaron acerca de la época y el contexto socio-económico en el que me quería situar, no elegí a mi mamá y a mi papá y tampoco a mis hermanos.
Después de evaluar las ventajas y desventajas de tantas cosas impuestas para mí, después de buscarle una explicación a veces racional y otras veces no tanto, decidí que quería pasar un período aproximado de 40 años en estas condiciones. Resigné los planes de formar una familia tipo y tener una vida promedio, esos planes que alguna vez había formulado sin demasiada reflexión solo porque parecían los correctos, a falta de pensamiento crítico y de experiencia.
En algún momento procedí a considerar todos los campos del conocimiento que me circundaban y los que no también, de ellos encontré fascinantes a la mayoría, amé las relaciones que entretejían y supe apasionarme más que nunca con el campo científico. Una vez sumergida en la temática pude reconocer a la ciencia que iba a intentar volver mía en esta estadía en la Tierra, la física, me sedujo su supremacía por sobre las demás, su enorme campo de aplicación y el carácter reflexivo que presenta frente a cada una de las problemáticas que abarca. Me gustó que tuviera tanto de disciplina filosófica y para cuando me di cuenta estaba envuelta por completo, comprometida con un saber que quería hacer crecer para mí y para los demás. Convencida de que no había forma de aumentar mi relevancia en el planeta las decisiones tomadas fueron revisadas, parecieron correctas a la luz del paso del tiempo -que afortunadamente aún no ha sido mucho- y comencé con el estudio. No hay mucho que concluir por ahora, sé que es díficil y estoy dispuesta a asumir el desafío, mientras tanto tengo un blog al que llorarle mis penas y una tonelada de cosas por incorporar.

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