lunes, 4 de abril de 2011

Expectations against reality.

Es un fenómeno muy común, me he dado cuenta, la construcción personal de aquel mundo en el que nos gustaría vivir. Ese mundo en el que las cosas salen como uno las espera, donde querés que algo pase y pasa. Te animás a acercarte a hablarle y a ella no le llama la atención, pegan buena onda y salen. Te habla él cuando eras vos la que moría de ganas de hablarle y arreglan para verse. Las noticias que llegan siempre son buenas y ciertas.
La idealización del pasado no ayuda. Es un fenómeno constante, al cual recurro demasiado y que nos engaña haciéndonos creer que alguna vez hubo un pasado dorado en el que estuvimos mejor y fuimos tan giles como para no saber disfrutarlo. El deseo de volver las cosas atrás no es real, no saldría bien, y aunque me cueste decirlo tampoco sirve desear que llegue mañana. Te vas a levantar a vivir un día entero solo para llegar a esa hora que esperás, tu mundo va a girar en torno a un suceso imaginario, tan irreal como un sueño. Cuando llegue ese momento tan esperado no hay forma de que lo que proyectaste en tu mente, esa idealización de un momento no vivido aún, cuadre con lo que realmente sucede, y ahí se viene el bajón.
La desilusión es más grande mientras más alto hayan apuntado tus expectativas, pero ¿cuál es la onda? ¿dejar de hacer planes? ¿dejar de anhelar momentos?. He llegado a creer que si no apunto tan alto me va a doler menos la caída, pero no es así. La verdad que no. ¿Por qué debería importarme el dolor? sinceramente creo que no hay mejor dolor que el autogenerado y por eso sé que me quiero caer, que me quiero hacer mierda contra el piso y quiero seguir llorando en silencio contra la puerta del baño, que quiero que todo el colectivo note que tengo muchos problemas y también quiero que ese momento pase, quiero sentirme mejor y empezar de nuevo un ciclo que ya sé como va a terminar. Vamos a sufrir, no me gusta lo lineal.

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