martes, 25 de diciembre de 2012

La vuelta al día en ochenta mundos.

"Todo participa de esta respiración de la esponja en la que continuamente entran y salen peces de recuerdo, alianzas fulminantes de tiempos y estados, y materias que la seriedad, esa señora demasiado escuchada, consideraría inconciliables."

Te quiero mucho Julio, mi sueño es ser como vos.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Hecha de amor.

A Sofía, por algunos momentos de inspiración.

I

La escucho con atención e intento sumergirme en el monólogo contundente y obstinado que sin darse cuenta está logrando elaborar. ¿Llegaré en algún momento a sentirme identificada? Habla con un tono de fortaleza de esos que solo se pueden usar cuando uno se refiere a un tema apasionante y parece estar tratando de repetir con exactitud las ideas que formuló hace ya un tiempo en su mente (consigue así remitirme un poco a mí misma). Se jacta siempre de no saber decidir y no se da cuenta de que tomó la decisión más importante hace mucho tiempo; "lo único que espero de la vida es amor". Está todo adelante de sus ojos, está declarado su camino y ella siente que zigzaguea, pero es solo porque está viva.

II

Recuesta su cabeza sobre mi falda y voy tomando uno por uno sus rulos para deshacerlos en mis manos. Soy el diván en el que puede asincerarse y el alcohol en sangre permite que una situación banal se torne profunda y adquiera un hermoso matiz existencial. La escucho llorar sin lágrimas y vuelvo a sentirme como aquella vez en que desnudó su esencia ante mí con esa simple frase. No puedo hacer más que elaborar respuestas racionales y concisas, no sé por qué intento correrla de su sitio emotivo (siempre lo hago), en realidad ella pertenece ahí. Las dos sabemos que estamos diciendo cosas que no diríamos en otra situación y eso colorea distinto el contexto de la habitación. La sinceridad se nos regaló solo por esa noche y por ese rato, para vivir otra de esas situaciones de las que se sale conociendo al otro mucho más.

III

Ella está muy lejos ahora y me gusta sentarme cada día a imaginar sus días allá, me gusta hacerlo porque es difícil, porque no me sale nada original, me aburro y recuerdo que ya no falta tanto para tenerla de vuelta, preguntarle por todo y que sin decirme mucho me deje saber cuál fue el sentimiento predominante en su viaje, yo espero con ansias que haya sido amor. Porque después de todo, todas las historias sobre ella, así como la suya propia, deberían estar hechas de amor.








miércoles, 28 de noviembre de 2012

¿Qué nos está pasando?

Con Naza estamos preocupadas, parece que las cosas se nos están yendo de las manos otra vez. No sabemos si es la época del año o si son problemas psicológicos no resueltos que detonan justo cuando estamos por hacer todo bien. Las dos sabemos muy bien lo que queremos, a veces no nos ponemos de acuerdo, ella quiere tirarse a mirar el cielo y yo creo que estaría mejor averiguar bien por qué es de ese color. En el fondo somos iguales. En muchas cosas coincidimos, las dos queremos ser las mejores, en todo. Por eso estamos preocupadas, porque estamos derrapando de a poquito. A ella le gusta mucho que le presten atención y yo quiero prestarle atención a las cosas. Estamos peleando constantemente por el control de las acciones decisivas de su vida y viene ganando ella. Quizás es hora de que esté al mando yo y que terminemos un poco con esta exposición virtual para ponerle ganas a lo que para mí es más importante; saber. No sé si logre convencerla, así que deberé dominarla por la fuerza, no va a estar contenta, lo sé, pero después de un tiempo vamos a estar bien. Díganle chau por un rato, los quiso.

lunes, 26 de noviembre de 2012

No es la primera vez.

Me estoy sintiendo loca, de nuevo, aunque sé que no lo estoy. Me gusta pensar que esta vez es distinto, que cambió mi locura, que la apunté para otro lado. Por lo menos no estoy triste con esto, todavía. Estoy re-descubriendo mi capacidad para obsesionarme por completo con algunas cosas y también mi incapacidad para detenerme antes de que todo explote. Tengo muchas ganas de gritar por la calle y estar completamente sola. Pero no quiero estar sola siempre, me da miedo. Mi naturaleza obsesiva me preocupa, tengo miedo de que me impida llevar adelante una vida normal, de esas que terminan bien y todo. Este texto es una mierda. No sé si quiero tener una vida normal. No quiero que nadie me lea nunca más.

domingo, 21 de octubre de 2012

Irremediable.

Subterráneo línea D - Once y media de la mañana del treinta de mayo del dos mil doce.

Un chico le pide a una chica que le deje el asiento que ocupa a una mujer embarazada que acaba de entrar al vagón, la chica lo deja pero se muestra temperamental e inicia un monólogo que termina con una pregunta retórica, pregunta que afirma que NO debe ser respondida.

La angustia que siento yo ante todo esto es la misma que refleja en mis ojos su cara, en realidad él no se ha inmutado, pero sé que lo siente tanto como yo; está maldito. ¿Por qué tenía que castigarlo así? ¿Por qué ahora él también se lastima con más preguntas sin respuesta? ¿O acaso soy yo? Lo dejó con la angustia de lo irrespondible, lo que se queda ahí, demandando, y no se va, porque ya es condena y es irremediable. La pregunta está echada.
La situación se asemeja a cuando le dicen a uno que alguien cercano está por morir y le dan, entonces, la última oportunidad de increparlo, como si bastara el tiempo para sacarse las dudas, todas. El tiempo corre, se está apurado por la inminencia de la muerte y se sabe que no se responderá todo, que va a quedar una, esa, sí, justo esa, la que vivirá para siempre en tu mente, pregunta-huérfana-de-respuesta (¿o debería decir pregunta-madre-sin-hijos?).
Él está preocupado, yo lo sé, porque sin esperarlo se metió en un problema, ahora le pesa el monólogo casi absurdo de la chica que se repite en su mente y esa orden, inexplicable, de no responder la última pregunta.
Hay ya en el mundo tanta pregunta sin respuesta y uno camina sin problemas porque sabe que no se le ha negado la posibilidad de responder. El intrincado laberinto puede ser recorrido por quien guste, se dice que la respuesta está, que espera.
Imagino en detalle los próximos sucesos; los días van a pasar y él ya no se va a sentir el mismo, el desgaste será progresivo, pero letal. La pregunta que no puede responder va a pasar a ser todas las preguntas y caminará dudando de cada paso que dé y de su por qué. La desesperación irá en aumento e intentará detenerla, manejará mil opciones en su mente, mil salidas que aún no existen. Va a surgir la idea de buscarla, de devolverle la maldición de la pregunta sin respuesta y ponerla en la misma situación, aquella de quien vive con la duda, la duda de todo. Vagará entonces cada día por el vagón del subterráneo que supo cruzarlos la primera vez y repetirá en voz alta la pregunta, que se deformará al transformarse en sonido y nunca tendrá el peso que tuvo en ese entonces, cuando empezó todo, ese treinta de mayo en que una chica (o todas) supo mirarlo a los ojos y enunciar esa maldición sin contemplar las consecuencias.
Lo cierto es que estoy maldita yo también, no sé si él lo sienta o lo entienda. En esta maldición caímos los dos y tendrá que estar conmigo, querrá que repitamos juntos esa frase, que compartamos el vacío para llenarlo un poco, que vivamos juntos en la no-certeza y padezcamos el insomnio de que esa chica haya lanzado, esa mañana, en ese vagón, la letal y concisa pregunta; "¿no será que el mundo persigue?".





miércoles, 9 de mayo de 2012

Capítulo III: Mora muere dos veces.

Capítulo III Mora muere dos veces.


Estoy en la plaza de nuevo, estoy con unos sentimientos encontrados en la cabeza, una combinación entre tristeza, alegría, ganas de morir, ganas de nada. Estuve cerca de dos horas en la librería y las cosas se fueron desarrollando… lindas, yo estaba…al principio estaba contenta, de hecho caminé estas cuadras con sonrisas que se veían apagadas por gritos de desesperación. De repente el mundo se hizo chiquitito chiquitito y como que ya no entro más.
Bueno, llegué a la librería y le dije que bueno, que había pasado mucho tiempo que no nos veíamos, me dijo que sí, en ese momento yo había pensado que le iba a preguntar si me había extrañado, y no me animé. No le pregunté nada, hablamos de Papini de nuevo, me dijo que se había confundido y el libro que pensaba que tenía no lo tenía, bueno, fue una pena, yo lo lamenté. Duró mucho toda la conversación en general, así que me pone mal pensar que perdí como detalles. Pasaron algunas cosas importantes, bueno, nos conocimos mucho, por lo menos me dejé conocer mucho. Creo que ya me lee de adelante para atrás y de atrás para adelante y que entiende bastante como funciono. No sé si eso será bueno o malo, no sé. Hablamos de qué estudiaba yo, él pensaba que yo estudiaba Letras, él estudió -en un pasado de juventud- Artes combinadas, me pareció maravilloso, en Puán. No, bueno, le pregunté su edad, nunca le dije la mía, me dijo que tiene 27, pero se sobreentendió que yo era mucho más chica, después ahondamos en mis actividades actuales, en mis planes de estudio, bueno, dejé saber que no hace mucho que terminé la secundaria, me dijo que era una nena. Se ríe mucho, se ríe mucho y me mata, como que cada risa aniquila una parte de la burbuja gigante que pude construir alrededor suyo y lo pone más cerca mío, más cerca no sé si bien, no sé si mal, debo haber perdido por completo la capacidad de discernir si lo que me está pasando es bueno o malo, no puedo valorar, perdí la capacidad de valorar.
Bueno, no, hablamos un montón de mí, yo hablé mucho en realidad, yo hablaba y él se reía y me miraba como de una forma en la que yo pensaba que podría llegar a gustarle, me miraba lindo, me miraba sonriendo, yo interrumpí muchas veces mis monólogos para preguntarle de qué se reía porque de alguna forma me desesperaba, me desesperaba que se pusiera cerca de mí con la risa y no saber si yo estaba haciendo el ridículo o estaba logrando mi tan difuso y tan amplio objetivo. Bueno, en un momento se rió mucho de mí y yo le pregunté qué le pasaba y me dijo “es que sos muy linda” esa fue la parte, Fase I de aniquilación de Naza. En ese momento yo tendría que haber largado un “vos también”, vi pasar el “sos muy linda” corriendo, se fue, voló, se alejó por completo de la situación, quedó perdido, yo no lo rescaté, obviamente no lo pude rescatar.

-        ¿Todo bien amiga?
-        Sí.
-        Mirá, estamos en situación de calle, estamos pidiendo unas monedas para poder comer.
-        A ver, esperá…
-        Elegite una. (me acerca unas postales)
-        Ahí agarro…
-        Bueno, muchas gracias.
-        No, de nada

Bueno, sufrí una breve interrupción. Ay, me puse un poco nerviosa. Estaba en que… en que bueno, me sonrió un montón de veces y yo me desesperaba y no sé, pudimos avanzar un montón en distintos tópicos de conversación, le conté que hoy voy a ir a ver a Guillermo Martínez, le conté de mi carrera, de mis planes de irme a vivir muy lejos, se fascinó con algunos rasgos de mi personalidad, yo lo podía ver en la forma en que me miraba y se reía, el hecho de que me guste siempre elegir lo más difícil, me dijo que era “brava”, que era exigente. También en alguna de las risas que le reproché me dijo que no le tenía que reprochar las risas, porque me estaba conociendo, parecía contento de estar conociéndome y yo estaba en las nubes, muy, muy lejos. Y bueno, en algún momento se pidió algo para almorzar, estuve ahí realmente mucho tiempo, yo tengo mucha hambre, quería almorzar con él, obviamente no pude ni siquiera esbozar la idea que quería plantear. Hablamos de la muerte, del sentido de la vida, de ser normales y anormales, me dijo que yo era “un personaje”, cada tanto me detenía, detenía mis tantos monólogos para exclamar que yo era un personaje, que era rara, que no era normal, pero eran todas valoraciones positivas aparentemente, cuando se reía tanto en algún momento me dijo que no se burlaba de mí, que yo no lo tenía que tomar como una burla, que le parecían divertidas mis historias, le parecían graciosas mis historias. Hablamos de mi blog, de que tengo un blog en el cual grabo una audionovela, una audionovela que le pareció una empresa muy interesante, que quiere escuchar, que le dije que no puede escuchar.
De alguna forma forjamos una relación así como de amor-odio, de un maltrato más de mi lado que del suyo, puse distancias reiteradas veces con… no sé, de alguna forma me mostré importante, me quise a mí misma en mi discurso y se rió mucho de eso. Le pregunté un par de veces si tenía algo para contarme él porque me incomodaba estar hablando tanto yo sola, como siempre, sola. Pero no tuvo mucho para decir, me contó que bueno, que trabajaba con el padre en ese lugar, que la librería era del padre, me preguntó por mi familia, me contó de la suya, me dijo que quiere hacer un curso de meditación, es de los que piensan que la vida no tiene sentido, me dijo que todas mis ideas estaban muy cerca de las suyas, que de hecho estaban mucho más cerca de lo que yo pensaba pero que él me discutía todo porque le gustaba verme reaccionar. Bueno, yo en toda la conversación pensé mil veces en todo lo que me había dicho la gente que tenía que hacer y todo lo que yo había pensado que tenía que hacer y no hice nada, por suerte pude hablar un montón, tranquila...
Le dije que estaba bueno que yo no fuera normal porque de alguna forma le permitía a él entretenerse, reírse, que si yo hubiera sido una persona normal no podríamos haber hablado de nada, que yo hubiera destacado alguna cualidad de su librería y hubiera pasado un martes solo y no estaría en esta plaza hablando sola. Bueno, me dijo que quería leer mi blog, que quería escuchar la novela, le dije que no podía, le dije que nunca le iba a decir mi nombre porque si le decía mi nombre me iba a poder encontrar, entonces me dijo que me pusiera un nombre, un alias, así él me podía llamar por mi alias, me pareció realmente muy buena la idea, le dije que se pusiera un alias él también. Yo me llamé Mora, siempre me llamo Mora cuando tengo un alias y él se puso su propio nombre porque realmente parecía querer decírmelo y se llama Manuel. En un momento hablamos de leer cosas en voz alta, de lo lindo que era la oralidad, de lo mucho que a mí me gustaba esto de la audionovela porque me permitía explayar todas las cosas que yo pienso de una forma menos acotada, menos editada. Y de lo difícil que era con la simultaneidad de pensamientos, que es algo recurrente estar pensando en mil cosas a la vez, poder narrar lo simultaneo sin caer en lo sucesivo, le pareció interesante, me habló de Deleuze, de filosofía.
Bueno, yo pensé como que de alguna forma había estado esgrimiendo todas las armas posibles como para cautivarlo y bueno, cuando hablamos de leer en voz alta me dijo que era una actividad que le gustaba mucho y que de hecho hace poco lo había experimentado, porque estaba con su novia, y…  le leyó una parte de la Odisea porque él lo estaba leyendo y la novia le pidió que se lo leyera en voz alta, y le gustó mucho, le pareció una experiencia muy buena. Esa es la segunda fase de aniquilación de Naza… Lo volví tan real, se volvió tan real que hasta llegó a tener una novia. Creo que se habrá transformado la mueca en mi cara, lo que venía a ser una sonrisa, el optimismo se me fue a la mierda, la edad me había afectado un poco, pero todo venía tan bien que no esperaba que tuviera una novia, deslizó al pasar a la novia, la mencionó solamente en esa ocasión pero la dejó ver, lo importante es que la dejó ver, por algo la dejó ver.
Bueno, en algún momento llegó su papá, lo conocí. Quise sacarle un poco de charla, no fue muy simpático, parece un tipo muy interesante de todas formas. Y yo ya me tenía que ir ya había pasado demasiado tiempo ahí, ya no podía sostener la combinación contradictoria de sentimientos que tenía en la cabeza. Le quise comprar un libro de Análisis Matemático que estaba necesitando, el problema era que tenía que pagar con débito y yo no quería que el supiera mi nombre, así que le dije, me dijo “bueno, hacé que te cobre mi papá”, me cobró su papá.
Antes de irme me dijo que iba a buscar mi blog y que iba a dejar comentarios anónimos en mi novela, y yo le dije que por favor no lo hiciera. Le dije que a él le gustaba decirme que yo era un personaje, que a mí me gustaba que me dijera que era un personaje porque realmente sería muy lindo ser un personaje en una novela de alguien, me dijo que bueno, que lo podíamos pensar como que éramos todos personajes de un ente mayor, yo le pregunté si a él le gustaría ser un personaje en una novela de alguien y no contestó, para mí significó mucho que no contestara, se rió, como tantas veces en las dos horas que estuve ahí, se rió maravillosamente, una sonrisa amplia. No contestó, de hecho reiteré la pregunta, la reformulé, le dije que no leyera mi blog, no creo que lo pueda encontrar, espero que no lo pueda encontrar, tiene un papelito con mi nombre y apellido que espero que nunca vea. Y le dije que no sabía si iba a volver, porque la verdad que no sé si voy a volver, porque no sé qué voy a hacer, qué voy a decir, si vuelvo, si yo fuera otra persona podría sabotear una relación, su relación con su novia, si yo no fuera Naza podría seducirlo de alguna forma, soy una pendeja, le podría llegar a calentar eso, podría jugar por ese lado, pero no sé hacer esas cosas y no quiero y me molesta lo mucho que dejó ver de él hoy solamente para terminar haciéndome saber que no voy a ver mucho más de él, nunca. Me dijo que era trágica un montón de veces, yo sé que soy trágica, me sorprende que lo haya notado tan rápido y que le haya parecido tan claro cuando habló conmigo. Ya perdì o invertí mucho tiempo hoy en él y no quiero invertir más porque se que voy a estar pensando en él todo el día, voy a estar pensando en las cosas que no dije, en todas las risas. Sonó Pink Floyd en toda nuestra conversación, yo nunca quise hacer mención a eso porque no quería que habláramos de música, era un tema complicado, se me iba a ir todo de las manos.
Bueno, este es el tercer capítulo de esta historia, pueden decidir si les gusta como va avanzando, yo no sé si me gusta como va avanzando, quiero desaparecer, quiero que él no exista más porque parecía más sencillo cuando no existía. Dijo que él era muy anormal, me dijo que él no era normal, que era muy anormal, que nos parecíamos, y entonces yo pensaba; si él descubriera todo esto, qué diría, qué diría de que hablo de él sola, montones. Es un interrogante muy importante en la trama de esta novela. Me siento cada vez más lejos de la salvación que pensaba que iba a conseguir si lo acercaba lo suficiente a mí. Es una distancia que parecía infinitesimal a medida que avanzaba la conversación y la puedo ver ahora desde lejos como un abismo.
Sé que estoy siendo muy negativa, pero no lo puedo pensar de otra manera y no me importa estar siendo muy negativa. Cuando le dije que no sabía si iba a volver me preguntó si era una amenaza, yo le pregunté si él se sentía amenazado por eso,  no sé, de alguna forma evadió la pregunta. Yo no sé si quiere que vuelva y tampoco sé si quiero volver, voy a dejar todo esto en suspenso, ya me extendí demasiado con la grabación, estoy frustrada. Supo matarme dos veces con la misma espada y no sé si puedo o quiero seguir acercándome. Voy a decir entonces, hasta algún día.


miércoles, 25 de abril de 2012

Capítulo II: Miradas detenidas.

Capítulo II Miradas detenidas

Hoy es martes, el martes es EL día de la semana. Martes, martes, martes, martes. Si me lo preguntaran en italiano -porque hoy aprendimos los artículos determinativos- yo diría que no es “un giorno” sino que es “il giorno”, “il giorno della settimana di Naza”, ya no hay más días que el martes, no… no lo creo. Y el martes dura muy poco, a veces dura más, a veces dura menos, estoy pensando que capaz que hoy duró demasiado poco. Estoy en la plaza de nuevo, las cuadras que camino hasta acá, como que… nunca existen, siempre estoy en la librería, siempre estoy en la plaza, siempre está la sonrisa, lo demás no pasa, la semana dura solamente un día y es el martes, así como la gente va los domingos a la iglesia, yo voy los martes a la librería, el martes ya no es el segundo día de la semana, es el día de la semana. Y bueno, el ritual de los martes ha sido concretado, no sabría decir si satisfactoriamente, capaz que no haya que emitir juicios de valor al respecto, capaz que es demasiado rápido o demasiado tarde. El martes transcurrió normalmente, por ahora, me levanté, me bañé, había estado pensando toda la semana, capaz más que otras semanas, va… todo lo que no fue martes me lo pasé pensando. Estuve tratando de decidir cuál iba a ser mi actitud en el ritual del martes, obviamente no decidí nada, cuando caminé la cuadra de italiano a la librería ya había perdido todos los pensamientos de la cabeza y solamente temblaba, 1) de frío y 2) de nervios. Esperé un ratito antes de decidirme a entrar porque no sabía bien qué iba a decir, si iba a tener algo qué decir, si iba a estar él, si iba a sonreir. Me vestí para él obviamente, cuando era chica íbamos a la iglesia y yo me vestía para Dios, la gente hace eso, ¿no? Me hubiera vestido menos provocativa para ver a Dios… Bueno, cuando llegué a la librería había unas personas, estaba él, me saludó, le dije “volví” se puso contento, sonrió, no sabía bien a dónde ir yo, si mirar los libros, si preguntarle algo, qué le iba a preguntar, no sabía, estaba complicado… Me quedé mirando los libros, de nuevo, me dijo que durante la semana le había llegado un libro de Papini -porque Papini ya es nuestro tema de conversación-  que le había llegado un libro de las obras completas, y bueno, entonces me acerqué al mostrador para que me lo mostrara, lo buscó entre las cajas que tenía, le pregunté cómo llegaban los libros a él, porque era algo que siempre me había intrigado, me dijo que era porque los vecinos cada tanto le decían que tenían una caja de libros y él se las compraba, y así había llegado este libro que nunca encontró, que otra vez buscó y me dijo que bueno, que para la próxima lo iba a tener seguro. Ahí eso me gustó porque él estaba pensando en una próxima también, yo estoy pensando en muchas próximas, si el martes es el único día que existe. Bueno, después del acto frustrado de buscar el libro de Papini, me volví a los libros, me fui de la caja, me puse a mirar los de Sábato porque voy a hacer un viaje y había pensado que quería leer una novela corta, elegí dos, y le quise preguntar los precios, cuando le pregunté los precios no me los dijo, le di los libros, se quedó mirándome, le mostré algo que me había llamado la atención en uno de los libros, era una dedicatoria. Yo creo que yo nunca podría vender un libro que tuviera una dedicatoria, en ese momento lo primero que se me pasó por la cabeza fue pedirle una dedicatoria, pero ya sabemos que yo soy Naza. Le mostré la dedicatoria, se lee con dificultad, dice “25 de junio de 1970, Alina, deseo que este libro te haga pasar un momento grato, tu sobrino, Ernesto” le dije que pobre Ernesto que le había dedicado un libro a Alina y ahora el libro estaba pasando de mano en mano en una librería, me dijo que bueno, que la mayoría de las veces no eran los dueños los que vendían los libros, yo me puse a pensar que un día alguien iba a vender mis libros, capaz que se los vendan a él, ¿no? Bueno, quise saber los precios, se los llevó al mostrador, me contó que uno de los libros lo estaba leyendo él y no lo  pudo terminar de leer porque se lo robaron, nunca hubiera imaginado una desgracia tal como que te roben un libro. Me dijo que estaba de vacaciones con unos amigos en Mendoza, estaban en auto, les entraron a robar al auto y se llevaron un bolso que tenía ropa y que tenía su libro, justamente, dice que lo que más extrañó fue el libro. No hace falta aclarar que yo para todo esto me estaba muriendo, no estaba prestando mucha atención específicamente al relato, lo seguía con la mirada, me pasaba igual que no podía detener la mirada demasiado en él, me parecía que la mirada detenida, que el impacto de mis ojos en los suyos iba a hacer que se diera cuenta de alguna forma de lo que estaba pasando, que se diera cuenta de por qué estaba ahí yo, de por qué había estado ahí ya dos veces en dos semanas anteriores y por qué la simpatía, por qué los ratos… ahí, con él, sin hacer nada. Me dio miedo, el comportamiento Naza fue bajar la mirada. Empecé a prestar atención y me estaba envolviendo los libros como para comprarlos y en realidad lo que yo quería era saber los precios, ya no podía volver atrás las cosas, los había puesto en una bolsita, me dijo “te doy un señalador”, yo realmente no quería los dos libros pero no se lo podía decir, le mencioné que necesitaba saber los precios, me dijo “ah, pensé que ya los sabías, pensé que ya entendías los códigos” dijo nuestros códigos. Habla siempre de la librería así en plural, a veces me asusta que haya alguien más que él y que ese alguien sea una alguien, pero también pienso que quizás habla de nosotros porque él es todos, él es nosotros, él es él, él es yo. Bueno, me dijo los precios haciendo referencia a los códigos que tienen los libros, me los aprendí, le dije que bueno, que yo había estado un par de veces ahí pero no los sabía, le dije que el martes que viene no iba a poder venir porque es feriado, me dijo “te vamos a extrañar”, él, todos, yo, los libros, “te vamos a extrañar”. Hizo un chiste que no entendí, ¡cómo odio los chistes que no entiendo! pasa eso, que de repente el chiste no entendido puede cortar el ambiente de alguna forma, no se están manejando los mismos códigos, el mismo lenguaje, yo tendría que entender todos sus chistes, siempre. Bueno, no entendí, dijo que iban a trabajar horas extras ese martes, bueno, yo dejé ver de alguna forma que no había entendido el chiste, le dije “no entiendo”, me dijo “era un chiste”, situación incómoda, le pregunté si iban a abrir el martes, me dijo que sí iban a abrir pero a puertas cerradas, sonó un poco irónico, pero no quise hacer mención, quizás ya nos desentendíamos de nuevo y se iba todo al carajo. También hizo mención al clima, dijo “hace frío, ¿no?”, y no me gusta cuando la gente hace mención al clima, algo que había estado pensando durante la semana era eso, que no quería que hiciéramos mención al clima, cuando uno hace mención al clima es porque no tiene nada más para decir, capaz que quiso decir algo y no supo que decir; ya habíamos hablado de Papini, yo ya estaba comprando un libro, ya había deslizado de alguna forma una anécdota de su vida con el robo del libro y las vacaciones, y bueno, había que hablar del clima, ¿no?. Yo dije que sí, que hacía frío, y nada más. Me di cuenta de que estaba poniendo los libros en una bolsa de plástico y yo le dije que la primera vez me había dado una bolsa más linda. Toda la conversación transcurrió entre sonrisas y miradas detenidas que yo no dejé que se detuvieran. Sacó los libros de la bolsa y me dijo “bueno, ¿querés una bolsa más linda?”, buscó una bolsa linda y me dijo que era exigente, ahí eso me mató. Me dijo “se nota que sos exigente”, otra mirada detenida… otra evasión de mi parte… las cosas se estaban tornando más familiares, más personales, habíamos pasado de Papini a sus vacaciones, de sus vacaciones al clima y del clima habíamos mejorado a mi personalidad, o lo que él percibe de mi personalidad, me va extrañar, soy exigente… Bueno, puso los libros en una bolsita re linda de papel madera y tristemente ahí me di cuenta de que ya me tenía que ir, había hecho todo tan rápido que ya me tenía que ir, no me gustó pero no me arrepiento porque quizás prolongar las cosas hubiera hecho que volviéramos al clima o quién sabe a qué cosa que a mí no me interesaría hablar. Me fui por la calle, caminé las cuadras que no existen hasta acá y cambié en mi mente las obscenidades de la boca de los señores que pasaban por preguntas, todos me fueron preguntando cómo me había ido, decían “y Naza, ¿cómo te fue?” les dije que escucharan hoy la grabación, que iba a estar en mi blog, que a la noche lo subía, que iba a estar desgrabada también. Yo y lo que me estaba pasando era lo único que estaba pasando, así lo percibí yo, todos estaban contentos porque yo había estado en la librería, todos sabían que yo estaba yendo a la plaza, todos menos él, medio contradictorio porque él es todos también. En un momento cuando estábamos en la librería también entraron un hombre y una mujer y preguntaron por libros de adivinanzas, él les mostró un par y les dijo “para chicos, ¿no?” y los señores no querían libros de adivinanzas para chicos, sino que querían libros de adivinanzas para ellos, me llamó la atención la verdad y él no tenía libros de adivinanzas para grandes, así que se fueron, tristes. Después le hice mención a eso, le dije que qué raro que buscaran libros de adivinanzas para grandes, me dijo que al también le había llamado la atención, le dije que quizás hubieran tenido que decir “acertijos”, me dijo que sí y ahí dijo una frase que por tonta quizás no debería haberme llamado la atención, me dijo “sí, pasa que la palabra adivinanza tiene una carga más infantil”. No sé, con el vocabulario pensé que capaz que había estudiado algo, ¿no? Dijo “carga”, dijo “una carga infantil”, no sé, mi mente se detuvo en un detalle que obviamente pude enaltecer con facilidad, para concluir que es un ser completamente maravilloso y además lo deja ver en su vocabulario, capaz que las cosas se me vayan de las manos, el martes que viene no va a ser martes, no hay más días hasta dentro de mucho tiempo, no va a haber librería. Tengo miedo de pasar demasiado tiempo pensando, tengo miedo ya de haber pensado demasiado y que por eso mi visita haya durado tan poco, tengo miedo, ¿qué voy a hacer el martes que viene?, no sé, voy a dedicar un momento para recordar el tiempo que yo hubiera pasado en la librería, voy a leer el libro que él no pudo terminar de leer, le dije que se lo tenía que comprar de nuevo, que se lo autocomprara y lo leyera, me dijo que sí, que debería, cuando vuelva quizás el próximo martes, él ya va a tener el libro de Papini, yo voy a haber leído el libro. Quizás podamos prolongar el momento de charla amena entre el librero y la compradora, quizás un día sepa su nombre, no sé si quiero saber su nombre, otro miedo es que se llame, no sé, José, ningún nombre le va a ir bien porque Dios no tiene nombre, capaz que nunca le pregunte su nombre, pero sería raro, si él me pregunta el mío le voy a tener que preguntar el de él. Y otra vez estoy especulando respecto al futuro. Pero bueno, así como el martes duró poco, mi relato va a durar poco, voy a seguir pensando, porque es lo único que puedo hacer, voy a leer el libro, voy a ansiar el martes. No sé muy bien hacia dónde quiero que avance esta situación pero sí sé que quiero que avance. Espero que me extrañe de verdad. Entonces, tendré el próximo capítulo cuando vuelva  a existir un martes, hasta entonces.

miércoles, 18 de abril de 2012

Capítulo I: Una sonrisa divina.

Capítulo I Una sonrisa divina


Después del fin de semana de Semana Santa y de la visita de Martín, con los libros… y los cuentos, me decidí a comprarme un libro de Giovanni Papini, porque me iba a hacer acordarme de él y porque nada… nunca está de más acordarse de Martín, ¿no? Estoy yendo a clases de italiano, así que después de mi primera clase de italiano, no era mi primera clase de italiano, perdón.  Después de la clase de italiano decidí salir a la busca de algún libro de Giovanni Papini que estuviera en su idioma original y qué mejor que leer a un autor en su idioma original. A la cuadra de haber salido de ahí me di cuenta de que había una librería, y estos últimos meses se trataron más que nada de eso, de entrar a librerías. Entré porque me llamó la atención que se llamaba “Libros del camino”, creo, pero el cartel decía “libros nuevos y leídos” y me pareció original, ¿no? Siempre dicen usados, no dicen leídos. Así que parecía un lugar lindo, tranquilo, es una zona medio… medio pedorra, la verdad. Pero bueno, hubo algo que me llamó la atención y era el chico que atendía, tengo algo así como una obsesión con la gente de atención al cliente así que no podía faltar algo así. Le pregunté por libros de Giovanni Papini y extrañamente lo conocía, de hecho tenía unos cuantos, me mostró unos cuantos y la situación estaba como tensa para mí, a mí me parecía que se notaba que a mí me gustaba y no sé… que para él yo también era atractiva en algún aspecto. Me quedé mirando los libros, pensando si me estaba mirando, si no me estaba mirando, no sé, yo no soy muy buena en esto del “arte de la seducción” así que no pude hacer ningún gesto ni algún ritual de esos primitivos que “atraen al macho”. Seguí mirando los libros, había uno que era muy lindo y pensé que iba a salir carísimo, me averiguó el precio y no era caro, también en algún aspecto me había sentido forzada a comprarle algo, porque me gustaba nada más, y yo hago esas cosas. Le compré el libro con la promesa de volver, lancé un “nos vemos” medio vergonzoso que por suerte respondió muy simpáticamente él con un “nos vemos” también, con un “cuidate, un beso”, una cosa muy familiar, así como si nos conociéramos y yo realmente ya sentía que nos conocíamos. Así que me fui con mi libro muriéndome de ganas de que fuera martes de nuevo para poder volver… pasó la semana, así como que sentí que todas las semanas podían pasar así, era martes de nuevo y había pasado un segundo para mí. Tenía que volver a la librería, lo había estado pensando toda la semana, pero tenía que tener una excusa para volver a la librería y como dije que estos meses se trataron de salir a comprar libros o por lo menos entrar a librerías, ya las excusas estaban un poquito agotadas. Entré y estaba hablando por teléfono él, sonrío apenas me vio entrar con una sonrisa, podríamos decir… divina, divina no, como el divino vulgar que se usa ahora, divina como de un Dios, y yo supe en ese momento que lo iba a dejar poco a poco que se fuera convirtiendo en mi Dios, para ponerle un poco de sentido a la vida, ¿no? Cortó el teléfono al ratito y le pregunté si tenía algún libro de Guillermo Martinez que es más o menos rutina ya para mí cuando entro adentro de una librería, no tenía nada más que los típicos y bueno, le dije que no, que me estaba faltando uno, me preguntó cuál, le dije, me preguntó por Papini, así como dejando ver de alguna forma que se acordaba de mí, que se acordaba que yo había estado ahí, que se acordaba qué había comprado y hasta se interesaba en saber cómo me había ido con lo que había comprado, le dije que bien, que era muy lindo, que iba a tener para rato igual porque era muy largo, pero que estaba contenta, que había estado intentando conseguir los libros en italiano y no se podía, me recomendó una librería, yo ya la había visitado. Pero bueno, ahí había que sacar charla un poquito y capaz que estuve lenta…  o estuve Naza. Me quedé mirando los libros un rato, preguntando por algunos, hojeando más algunos que otros, obviamente había un montón de libros interesantes pero el martes había sido bastante desafortunado como para andar con plata en la billetera. Quería decirle que estaba pobre, que la semana siguiente iba a ser distinto, pero… no me animé. Tenía miedo de que sonara como que le estaba regateando algo y yo a él no le regatearía nada porque, no sé, creo que la gente no le regatea cosas a su Dios, ¿no?
Capaz algún día me de vergüenza escuchar esto, no sé si ya no debería darme vergüenza el hecho de que estoy sentada en una plaza… en Callao y alguna calle que desconozco y estoy hablando como si tuviera una conversación telefónica con un grabador de voz. Pero estoy contenta sin embargo, no hay mejor forma para mí de hacer notas mentales que esta, y así con esto del teléfono en la oreja la gente piensa que no estoy loca, que no estoy hablando sola… no sé qué importará, ¿no? Quiero escribir una novela sobre esto, quiero que estas notas de voz me sirvan para escribir una novela, porque no es fácil estar escribiendo en un cuaderno, reescribiendo, tachando… creo que tendría que dejar de hacer silencios, ¿no? La idea es pensar en voz alta.
Quiero volver, quiero que sea el martes que viene, pero también tengo miedo, porque las cosas se podrían poner un poco reales si yo sigo avanzando… le dije antes de irme “voy a volver el martes que viene” y me dijo “como quieras” en un tono muy simpático. En un momento me dijo que tenía una rareza para mostrarme, no pude dejar de pensar que entonces había estado pensando en mí, que había visto la rareza y había pensado que a mí me podía interesar, era un libro de Papini me dijo, una primera edición, cuando dijo primera edición yo pensé solamente “caro”, por suerte no lo encontró, o por mala suerte, por suerte en realidad, suerte, mala suerte, es lo mismo, es suerte al fin. No lo encontró, lo buscó bastante, se quedó cerca mío como pensativo, pensé si no sería una excusa para en vez de estar parado atrás del mostrador estar parado conmigo, se quedó un rato más por ahí, envolviendo los libros… Me gustaba pensar que cada tanto me echaba una mirada a ver en qué andaba yo, por más que yo no podía echarle una mirada a él, por ser muy Naza, pero bueno, tengo que volver el martes que viene, tengo una semana para pensar una excusa, va en realidad vi un par de excusas hoy cuando estuve ahí, lo único que tendría que hacer es juntar plata, y la verdad no está muy sencillo, pero bueno, uno tiene que sacrificar cosas por su Dios, ¿no? Voy a decir entonces, hasta la semana que viene.

viernes, 13 de abril de 2012

La última visita del caballero enfermo.

Nadie supo jamás el verdadero nombre de aquel a quien todos llamaban el Caballero Enfermo. No ha quedado de él, después de su impensada desaparición, más que el recuerdo de sus sonrisas y un retrato de Sebastiano del Piombo, que lo representa envuelto en una pelliza, con una mano enguantada que cae blandamente como la de un ser dormido. Alguno de los que más lo quisieron -yo estoy entre esos pocos- recuerda también su cutis de un pálido amarillo, transparente, la ligereza casi femenina de los pasos, la languidez habitual de los ojos.

Era, verdaderamente, un sembrado de espanto. Su presencia daba un color fantástico a las cosas más sencillas; cuando su mano tocaba algún objeto, parecía que éste ingresara al mundo de los sueños. Nadie le preguntó cuál era su enfermedad y por qué no se cuidaba. Vivía andando siempre, sin detenerse, día y noche. Nadie supo nunca dónde estaba su casa, nadie le conoció padres o hermanos. Apareció un día en la ciudad y, después de algunos años, otro día, desapareció.
La víspera de este día, a primer hora de la mañana, cuando apenas el cielo empezaba a iluminarse, vino a despertarme a mi cuarto. Sentí la caricia de su guante sobre mi frente y lo vi ante mí, con la sonrisa que parecía el recuerdo de una sonrisa y los ojos más extraviados que de costumbre. Me di cuenta, a causa del enrojecimiento de los párpados, que había pasado toda la noche velando y que debía haber esperado la aurora con gran ansiedad porque sus manos temblaban y todo su cuerpo parecía presa de fiebre.
-¿Qué le pasa? -le pregunté-. ¿Su enfermedad lo hace sufrir más que otros días?
-¿Mi enfermedad? -respondió-. Usted cree, como todos, que yo tengo una enfermedad? ¿Que se trata de una enfermedad mía? ¿Por qué no decir que yo soy una enfermedad? Nada me pertenece. ¡Pero yo soy de alguien y hay alguien a quien pertenezco.
Estaba acostumbrado a sus extraños discursos y por eso no le contesté. Se acercó a mi cama y me tocó otra vez la frente con su guante.
-No tiene usted ningún rastro de fiebre -continuó diciéndome-, está usted perfectamente sano y tranquilo. Puedo, pues, decirle algo que tal vez lo espantará; puedo decirle quién soy. Escúcheme con atención, se lo ruego, porque tal vez no podré repetirle las mismas cosas y es, sin embargo, necesario que las diga al menos una vez.
Al decir esto se tumbó en un sillón y continuó con voz más alta:
-No soy un hombre real. No soy un hombre como los otros, un hombre con huesos y músculos, un hombre generado por hombres. Yo soy -y quiero decirlo a pesar de que tal vez no quiera creerme- yo no soy más que la figura de un sueño. Una imagen de Shakespeare es, con respecto a mí, literal y trágicamente exacta; ¡yo soy de la misma sustancia de que están hechos los sueños! Existo porque hay uno que me sueña, hay uno que duerme y suena y me ve obrar y vivir y moverme y en este momento sueña que yo digo todo esto. Cuando ese uno empezó a soñarme, yo empecé a existir; cuando se despierte cesaré de existir. Yo soy una imaginación, una creación, un huésped de sus largas fantasías nocturnas. El sueño de este uno es tan intenso que me ha hecho visible incluso a los hombres que están despiertos. Pero el mundo de la vigilia no es el mío. Mi verdadera vida es la que discurre lentamente en el alma de mi durmiente creador.
"No se figure que hablo con enigmas o por medio de símbolos. Lo que le digo es la verdad, la sencilla y tremenda verdad.
"Ser el actor de un sueño no es lo que más me atormenta. Hay poetas que han dicho que la vida de los hombres es la sombra de un sueño y hay filósofos que han sugerido que la realidad es una alucinación. En cambio, yo estoy preocupado por otra idea. ¿Quién es el que me sueña? ¿Quién ese uno, ese desconocido ser que me ha hecho surgir de repente y que al despertarse me borrará? ¡Cuántas veces pienso en ese dueño mío que duerme, en ese creador mío! Sus sueños deben de ser tan vivos y tan profundos que pueden proyectar sus imágenes hasta hacerlas aparecer como cosas reales. Tal vez el mundo entero no es más que el producto de un entrecruzarse de sueños de seres semejantes a él. Pero no quiero generalizar. Me basta la tremenda seguridad de ser yo la imaginaria criatura de un vasto soñador?
"¿Quién es? Tal es la pregunta que me agita desde que descubrí la materia en que estoy hecho. Usted comprende la importancia que tiene para mí este problema. De su respuesta depende mi destino. Los personajes de los sueños disfrutan de una libertad bastante amplia y por eso mi vida no está determinada del todo por mi origen sino también por mi albedrío. En los primeros tiempos me espantaba pensar que bastaba la más pequeña cosa para despertarlo, es decir, para aniquilarme. Un grito, un rumor, podían precipitarme en la nada. Temblaba a cada momento ante la idea de hacer algo que pudiera ofenderlo, asustarlo, y por lo tanto, despertarlo. Imaginé durante algún tiempo que era una especie de divinidad evangélica y procuré llevar la más virtuosa vida del mundo. En otro momento creí que estaba en el sueño de un sabio y pasé largas noches velando, inclinado sobre los números de las estrellas y las medidas del mundo y la composición de los mortales.
"Finalmente me sentí cansado y humillado al pensar que debía servir de espectáculo a ese dueño desconocido e incognoscible. Comprendí que esta ficción de vida no valía tanta bajeza. Anhelé ardientemente lo que antes me causaba horror, esto es, que despertara. Traté de llenar mi vida con espectáculos horribles, que lo despertaran. Todo lo he intentado para obtener el reposo de la aniquilación, todo lo he puesto en obra para interrumpir esta triste comedia de mi vida aparente, para destruir esta ridícula larva de vida que me hace semejante a los hombres. No dejé de cometer ningún delito, ninguna cosa mala me fue ignorada, ningún terror me hizo retroceder. Me parece que aquel que me sueña no se espanta de lo que hace temblar a los demás hombres. O disfruta con la visión de lo más horrible o no le da importancia y no se asusta. Hasta hoy no he conseguido despertarlo y debo todavía arrastrar esta innoble vida, irreal y servil.
"¿Quién me liberará, pues, da mi soñador? ¿Cuándo despuntará el alba que lo llamará a su trabajo? ¿Cuándo sonará la campana, cuándo cantará el gallo, cuándo gritará la voz que debe despertarlo? Espero hace tiempo mi liberación. Espero con tanto deseo el fin de este sueño, del que soy una parte tan monótona.
"Lo que hago en este momento es la última tentativa. Le digo a mi soñador que yo soy un sueño, quiero que él sueñe que sueña. Esto pasa también a los hombres. ¿No es verdad? ¿No ocurre que se despiertan cuando se dan cuenta de que sueñan? Por esto he venido a verlo y le he hablado y desearía que mi soñador se diese cuenta en este momento de que yo no existo como hombre real y entonces dejaré de existir, hasta como imagen irreal. ¿Cree que lo conseguiré? ¿Cree que a fuerza de repetirlo y de gritarlo despertaré sobresaltado a mi propietario invisible?"
Al pronunciar estas palabras el Caballero Enfermo se quitaba y se ponía el guante de la mano izquierda. Parecía esperar de un momento a otro algo maravilloso y atroz.
-¿Cree usted que miento? -dijo-. ¿Por qué no puedo desaparecer, por qué no tengo libertad para concluir? ¿Soy tal vez parte de un sueño que no acabará nunca? ¿El sueño de un eterno soñador? Consuéleme un poco, sugiérame alguna estratagema, alguna intriga, algún fraude que me suprima. ¿No tiene piedad de este aburrido espectro?
Como yo seguía callado, él me miro y se puso en pie. Me pareció mucho más alto que antes y observé que su piel era un poco diáfana. Se veía que sufría enormemente. Su cuerpo se agitaba, como un animal que trata de escurrirse de una red. La mano enguantada estrechó la mía; fue la última vez. Murmurando algo en voz baja, salió de mi cuarto y sólo uno ha podido verlo desde entonces.


Giovanni Papini. Palabras y sangre.

(no acostumbro subir textos ajenos, pero este lo sentí muy mío)



viernes, 30 de marzo de 2012

Intersección nula entre conjuntos.



"Podríamos decir que no hay un motivo real para que este tipo de correspondencia sea enviada desde el señor remitente hacia el señor destinatario. Podríamos decir que el señor remitente en realidad no es un señor, pero eso sería quizás incurrir en detalles un tanto delicados acerca de la existencia en el mundo real del señor remitente; habría que indagar en su género biológico, en su género psicológico y quizás hasta llegaríamos a hablar de sus preferencias sexuales. El señor remitente se niega de manera rotunda a que se desencadenen estos sucesos y prosigue con la (aún no empezada) redacción de la correspondencia.





El señor remitente se decidió a emprender esta difícil tarea por haberse sentido en el día de la fecha todo remitente y nada destinatario. Ha pensado el señor remitente que existen dos conjuntos: el de los remitentes y el de los destinatarios y que puede el reino de los humanos ser dividido en esos dos conjuntos sin obviar ningún elemento. Ha sentido entonces el señor remitente que no quiere formar parte siempre del mismo conjunto, ha llorado su permanencia en el conjunto que le tocó habitar y se ha decidido a cambiar la situación. Sueña el señor remitente con formar parte a la vez de ambos conjuntos, sueña el señor remitente con una correspondencia del señor destinatario, que lo saque de su sufrimiento y lo coloque a su vez en el maravilloso e idílico punto en el que se intersectan los conjuntos. ¿Podrá ayudarlo el señor destinatario?"










Mail enviado a Javier Ezequiel Heredia.









martes, 13 de marzo de 2012

Contame algo tuyo.

Me pediste algo difícil, super complicado, te podría hablar horas de mí. Te podría decir que me estoy volviendo loca con las conexiones que encuentro todo el tiempo entre las cosas y con el complot que sospecho que el mundo está tramando para que yo descubra algo. Te podría contar también que descubrí un autor contemporáneo que me vuelve loca, que recorro librerías averiguando como conseguir todas sus publicaciones y que dejé la tarjeta de débito guardada en una cajita porque tenía miedo de convertir todo mi patrimonio en libros de matemática. Me gustaría contarte que el señor de la librería de libros raros, viejos y agotados es un encanto y que contribuyó con mi obsesión actual dándome un rato de charla muy interesante. Te podría explicar que abandoné todo lo que antes englobaba en el término "rutina" y que me siento muy libre así. También debería agregar que es algo temporal, que de a poquito me van volviendo las ganas ñoñas de ser una científica y que envidio un poco a los que ya pueden hablar de sus cátedras y sus infinitas horas de cursada. Estas últimas noches estuve pensando en invertir mi sueldo en cuadernos cuadriculados y eso es una buena señal, ¿sabés?. Los sistemas complejos siguen apareciendo también por todas partes, ah, si querés te puedo explicar un poco más sobre eso y si me pasás una hoja te puedo dibujar un fractal, hay algunos muy bonitos...


(eso es lo que yo hubiera respondido, si hubiera habido alguien del otro lado dispuesto realmente a escuchar)

martes, 6 de marzo de 2012

Disparador.

Estoy sumida en una realidad en la que todo parece relatable, leíble y atrapante. Camino mis días mirando a través de unos ojos nuevos que me invitan a narrarlo todo. La reunión del domingo a la noche, la previa salida a la heladería, hasta este viaje en colectivo podría llegar a convertirse en literatura. Sin embargo algo falta todavia. Sé párrafos enteros de lo que será mi primera novela, pero necesito un hilo, un tema, una idea que me tortura con su ausencia.

Se escuchó el golpe característico del portón que se cerraba, que en esa época solo sabía ser verde, como gran parte de la casa algunos años atrás. La marcha de los que entraron era distinta, no creo haber vuelto a ver nada así. Había en sus caras una mueca siniestra,tenían lo que alguna vez designé como "caras de muerte" y avanzaban hacia mi para contagiarme su pesadilla. Bastó con que entraran para que se supiera suficiente y en una escena muy comunicativa me lo dijeron todo sin pronunciar palabra. Se había muerto un mundo y el mío empezaba a su vez a tambalearse al borde del abismo.

El hombrecito que reposa sentado en un sillón en el living de mi mente tiene que levantarse a apretar el gatillo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Explotar ahora.

(o nunca)
El curso de ingreso-la secundaria-sexto año-los dos primeros años de la carrera-el examen de ingreso al Balseiro-la licenciatura en Bariloche-el doctorado en Europa-la investigación-la docencia-la muerte.
Qué loco recién ahora darme cuenta de que planeé toda una vida que no incluye vida.

Quiero una pausa, un relax, un tiempo para pensar en nada y en todo a la vez, quiero volver con ganas renovadas a hacer lo que más me gusta en el mundo, quiero sentir que hago lo que quiero cuando yo quiero y sin culpa. Quiero dejarlo todo para esto:

Las palabras y las cosas. Michel Foucault.
Los anormales. Michel Foucault.
Vigilar y castigar. Michel Foucault.
El único y su propiedad. Max Stirner.
El anarquismo individualista. Emile Armand.
La libertad. Mijaíl Bakunin.
Doce pruebas de la inexistencia de Dios. Sébastien Faure.
Sobre el no ser. Gorgias.
El arte de amar. Erich Fromm.
Más allá del bien y del mal. Friedrich Nietzche.
La física, aventura del pensamiento. Einstein-Infeld.
ABC de la relatividad. Bertrand Russel.
El secreto atómico de Huemul. Mario A. J. Mariscotti.
La ciencia, su método y su filosofía. Mario Bunge.
Ciencia, política y cientificismo. Oscar Varsavsky.
Causas y azares, la historia del caos y de los sistemas complejos. Gabriel Mindlin.
La elegancia del erizo. Muriel Barbery.
Zama. Antonio di Benedetto.
El silenciero. Antonio di Benedetto.
Prohibido suicidarse en primavera. Alejandro Casona.
La tregua. Mario Benedetti.

Necesito que estos libros dejen de ser una pila en mi escritorio.

domingo, 29 de enero de 2012

Y de repente llueve.

Estoy gritando muy fuerte, tan fuerte que me veo serena y no se me escucha. Me pregunto si estaré pidiendo ayuda y nadie presta atención o si me olvidé cómo se hacía y entonces solo consigo un silencio que no deja ver ni un poquito la guerra que está teniendo lugar adentro mío. Se me escapa el tiempo como si nada, se acumulan en mi historia horas que no voy a recordar y así voy recopilando días insignificantes. Debato conmigo misma acerca de mis pasiones, me cuestiono si aún las conservo y en los peores momentos siento que nunca las tuve, las desconozco. Retumban en mi mente todos los "tendría que" que tan estrictamente supe construir y ya no hay sentimientos, los aplaqué a todos en busca de control. Reflexiono y considero que quizás nunca sea capaz de amar realmente a alguien, pero eso no me da miedo, miedo siento cuando pienso que tal vez algún día lo haga y se me vaya todo de las manos hacia ningún lugar. De todo esto rescato que ya no lloro, porque no sé exteriorizar; no exteriorizo abrazos que me muero por dar ni devuelvo besos que muy dulcemente me son dados, ahí es cuando explotan luces de colores en mi cabeza y en mi cara sigue la misma puta mueca.

domingo, 22 de enero de 2012

Ni única ni especial.

“Sos roja cuando hablás de él”. Me descubrí a mí misma en una situación típica, situación que hubiera querido evitar o mejor aún nunca haber alcanzado. Siempre diciendo que quería tener un vínculo ideológico con alguien y enlistando las maravillosas características que ese vínculo debía abarcar, y de repente, chau, ahí estaba, sumergida en todo lo que pensé (o pretendí) no anhelar. Estaba siendo no la segunda ni la tercera sino una de las muchas pretendidas por él, estaba siendo elogiada constantemente con alusiones sexuales atrevidas y a veces también románticas, estaba odiando por las noches y enamorándome durante el día, y todo eso lo quería seguir haciendo. Me gustaba demasiado como me hacía sentir su mirada y en ella más que nada el hecho de que estuviera dirigida hacia mí. El salir hacia afuera de la situación me obligaba a odiarme un poco por mi papel y a querer huir, el estar adentro solo me seguía sumergiendo. Los planes estrictos y el paso del tiempo hicieron que se terminara todo abruptamente y ahora solo tengo una historia que en unos meses va a pasar desapercibida pero que en este momento logra pesar mucho más de lo que debería.