domingo, 29 de mayo de 2011

Basta, o no.

Hace muchos años quise ser dueña de una vida, cuando aún no me sentía dueña de la mía. El momento de la adjudicación fue un momento increíble, y esa vida que me dieron pasó a ser una de las cosas más importantes que tenía. Pasaron 10 años en los que no siempre estuve muy al tanto de los aconteceres de la vida que manejaba, pero lo sobrellevamos bien. Ahora se está por terminar y hay demasiado llanto, demasiado dolor y demasiadas preguntas. ¿Valió la pena haber optado por este rol? Tengo en mis manos el poder de decidir, cual dios, sobre el momento final de esa vida y no se siente nada bien. Creo haber disfrutado de mi papel y haber hecho lo mejor, pero nada es muy certero en esta crisis. No me siento capacitada para las decisiones que tengo que tomar, por más simples que puedan parecer a aquel ajeno a esta cuestión. Si hay que saber cuando parar, si la muerte debe ser digna, como dicen, entonces siempre hay que optar por el suicidio o por el asesinato (el sacrificio), o quizás no deberíamos traer más vidas a este mundo. Imposible saber cuando parar, imposible hacer balance con el pasado el presente y probable futuro y tomar una decisión que nos deje satisfechos. Imposible me resulta encontrar un equilibrio todo mi tiempo. Cansada de sentir preferiría terminar con todo esto o mejor aún no haberlo empezado, nunca haber sentido, nunca haber querido esa vida que ahora tengo y que enseguida pierdo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario