Desde hace ya mucho tiempo elegí el camino que iba a tomar frente a cada bifurcación. Decidí que fácil era aburrido, que simple no me servía y que era mejor esforzarse por más. Muchas veces no estuvo bueno, jamás me gustó que me fuera mal en nada. Me torturé y sobreexigí incontables veces, lo sufrí, y sin embargo lo voy a seguir haciendo.
En el 2013 Buenos Aires va a dejar de saber de mí, voy a dejar mi vida en un exámen de ingreso y me voy a ir, confío en que me voy a ir. Me van a esperar años de frío en Bariloche y una carrera de científica en uno de los mejores institutos del país. Me va a esperar sentirme sola y alejada, y seguramente superada por esas sensaciones. De todas formas ni tengo que preguntarme a mí misma por qué quiero hacerlo, irme es ahora mi único proyecto y la única convicción por la que considero que vale la pena seguir viviendo.
Si voy a seguir acá, voy a seguir apostándole a lo difícil, aunque duela.
lunes, 28 de marzo de 2011
viernes, 25 de marzo de 2011
Adiós
Con vos muerto estarían todos mis sueños enterrados muy profundo. Te pido por favor que no me demuestres lo poco que vale la pena estar acá. No tengo nada lindo para decirte que te vaya a convencer de que tenés que seguir en este mundo, solo sé que te quiero y que te necesito y que la vida no tiene sentido ni para mí ni para vos, pero por lo menos lo sufrimos juntos. Dejame volverme loca con vos, dejame llorar y gritar con vos (y no por vos) y dejame darte la razón, dejame seguir ocultándote mi admiración y creamos juntos en alguna mentira linda que nos deje dormir tranquilos a la noche. Quedate, conmigo o sin mí, pero quedate.
Algo así como un secreto.
No quiero que leas esta entrada y sé que es muy probable que no lo hagas, a menos que yo te la muestre, como siempre, en busca de tu aprobación. Hay muchas cosas que yo no te digo y que por alguna razón nunca te voy a poder decir. Tienen que ver con lo mucho que te quiero y con los complejos que desarrollé en nuestra vida juntos. Tienen que ver con que realmente te admiro mucho, mucho más de lo que te demuestro y con que sos un ejemplo a seguir. Me gustaría que supieras que causás una de mis contradicciones más grandes, al alimentar en mí una filosofía en la que creo, pero que no quiero seguir, porque seguirla implicaría perderte para siempre.
Yo sé que vos sos diferente a los demás y haría lo que sea para que no tuvieras que sufrir por eso.
De alguna forma toda mi vida fuiste mi impulso. Lo que empezó como una competencia hoy en día es un intento de autosuperación; quiero llegar a ser tan tan tan grande como para poder crearte un mundo en el que no sufras más, y quiero que estemos juntos en ese mundo.
Este texto es algo así como mi discurso utópico, en un mundo perfecto estas palabras podrían salir de mi boca, entrar en tus oídos y quizás nos abrazaríamos. Lamentablemente nunca voy a poder pronunciar estas palabras adelante tuyo y quizás esta sea una forma de decirtelo todo indirectamente, así, sin coraje.
Yo sé que vos sos diferente a los demás y haría lo que sea para que no tuvieras que sufrir por eso.
De alguna forma toda mi vida fuiste mi impulso. Lo que empezó como una competencia hoy en día es un intento de autosuperación; quiero llegar a ser tan tan tan grande como para poder crearte un mundo en el que no sufras más, y quiero que estemos juntos en ese mundo.
Este texto es algo así como mi discurso utópico, en un mundo perfecto estas palabras podrían salir de mi boca, entrar en tus oídos y quizás nos abrazaríamos. Lamentablemente nunca voy a poder pronunciar estas palabras adelante tuyo y quizás esta sea una forma de decirtelo todo indirectamente, así, sin coraje.
sábado, 19 de marzo de 2011
El desencanto.
Hoy extrañamente huelo a vos.
Estuve pensando un montón de cosas y sé muy bien que ya no estoy enganchada, pero ni siquiera sé si eso es bueno. Había algo muy maravilloso en pensarte y en soñar con tenerte. Había una sensación que me llenaba, mi obsesión con vos me definía y le daba sentido a muchos de mis días. Ahora soy consciente de que a los sueños hay que dejarlos en la almohada (vos me enseñaste eso).
La realidad no pudo lidiar con lo idílico y se nos fue todo a la mierda. Vos eras una imagen que yo nunca iba a ver y sin embargo forcé demasiado la vista. Dolió ver morir eso que yo había alimentado, saber que tenerte no era lo esperado y enterrar mi sueño para poder seguir. Hubo muy poca cordura en toda la historia, no fue sano, pero me hizo bien. Cuando lo sentí enfermo me quise curar y creo que lo logré, aunque a veces me gustaría estar tan loca por alguien como lo estuve por vos, perder la razón y apostarle a una imagen para así vivir esta farsa de otra manera. Lo malo es que no creo que me vuelva a pasar.
domingo, 13 de marzo de 2011
Dejar de llorar.
Siempre que estoy muy triste me acuerdo de lo mismo. Me acuerdo del infierno, de la agonía, de llorar hasta quedarme dormida todas las noches, por semanas. Me acuerdo de la inminencia del final y de su peso. Me acuerdo de querer dormir para siempre y no tener las fuerzas para hacerlo. Me acuerdo de sentirme cansada, pesada y derrotada y me acuerdo muy bien de no saber por qué. Me acuerdo de querer detener las cosas y volver para atrás. Me acuerdo de sentir que todo era una pesadilla y a la vez saber que en realidad mi dolor era estar despierta. Me acuerdo de darme cuenta de que no podía estar más triste, de asimilar que había llegado a la cumbre del sufrimiento y de prometerme nunca más volver a llorar.
Después de haber llorado por lo más triste cualquier llanto me parece una falta de respeto. Desde ese momento sentirme triste implica mucho más, implica volver a un pasado muy oscuro y odiarme por estar sufriendo por algo que no es tan terrible como lo que ya pasó. Llorar es lastimarme un poquito más ahí donde ya sangra, es querer dejar de sentir para siempre y también es sentir más que nunca.
Después de haber llorado por lo más triste cualquier llanto me parece una falta de respeto. Desde ese momento sentirme triste implica mucho más, implica volver a un pasado muy oscuro y odiarme por estar sufriendo por algo que no es tan terrible como lo que ya pasó. Llorar es lastimarme un poquito más ahí donde ya sangra, es querer dejar de sentir para siempre y también es sentir más que nunca.
viernes, 11 de marzo de 2011
El reloj.
Caminando por Florida el vendedor nos había parecido misterioso. Yo hice un par de chistes acerca de los viajes en el tiempo y como estábamos al pedo y la plata sobraba, nos decidimos por comprar uno. La única razón por la cual mirarlo me remitía al pasado era por la antigüedad de su diseño, solo por eso, no se podía esperar más de un artefacto como ese. Sin embargo, ultimamente lo inesperado venía sucediendo y girar la tuerquita no nos dio el resultado deseado.
Ahí estábamos, en la misma calle, con otro atuendo y rodeadas de aquél grupo con el que habíamos asistido a comprar nuestros pasajes la semana anterior. Inmediatamente Vicky y yo intercambiamos miradas, las dos sabíamos muy bien lo que estaba pasando y supimos que había que disimular. Las decisiones que tomamos desde ese momento estaban dotadas de un consenso que no habíamos llegado a arreglar, pero que surgía naturalmente de nosotras. Cambiamos lo que no nos gustaba creyendo así que convertiríamos en maravillosos los momentos que habían sido buenos y en buenos aquéllos despreciables. Quisimos tener todo, explotar al máximo esta oportunidad que se nos había otorgado de volver atrás y salir victoriosas de una falla en la curva espacio-temporal. Un poco ingenuas, ¿no?
De más está decir que las cosas no resultaron como esperábamos y ahí entendí que la incertidumbre del futuro era necesaria. Toda una vida queriendo que lo que estaba por venir fuera obvio y predecible y nuestra única oportunidad estaba completamente arruinada por la ambición desmedida que nos poseyó. Era tan obvio que la vida no nos iba a hacer ningún regalo que no puedo entender como nos sentimos afortunadas con ese retroceso. Lo arruinamos todo, hasta nuestras propias cabezas. Día a día la locura se iba adueñando de nosotras, no se le podía explicar a nadie por lo que estábamos pasando y queríamos que todo fuera un mal sueño para vivir de pronto el despertar abrupto que te devuelve a la rutina. Nada volvió a ser lo mismo, ni en nosotras, ni alrededor nuestro. Ahora que conocíamos los saltos temporales temíamos uno nuevo todo el tiempo y no pudimos vivir ni un segundo de esa semana con tranquilidad.
Después de revivir tantos sucesos ya determinados, el final lo determinamos nosotras, nos reunimos en casa un día y destruimos el artefacto por completo; martillazos sobre la estructura y fuego en todos sus componentes. El procedimiento tuvo caracter de solución a todos nuestros problemas, se pudo ver en el disfrute que experimentábamos con cada toque de destrucción que le imponíamos a aquel objeto que había logrado desconfigurar nuestras vidas.
De todas formas, no se pudo deshacer lo hecho y todo lo vivido marcó también el final de nuestra relación; tanto mal nos habíamos hecho juntas que quizás lo mejor era no volver a cruzar palabra. Nuestra pesadilla no logró enseñarnos mucho, solo nos plantó más dudas y sabiendo que no había final feliz posible, optamos por el más triste.
Ahí estábamos, en la misma calle, con otro atuendo y rodeadas de aquél grupo con el que habíamos asistido a comprar nuestros pasajes la semana anterior. Inmediatamente Vicky y yo intercambiamos miradas, las dos sabíamos muy bien lo que estaba pasando y supimos que había que disimular. Las decisiones que tomamos desde ese momento estaban dotadas de un consenso que no habíamos llegado a arreglar, pero que surgía naturalmente de nosotras. Cambiamos lo que no nos gustaba creyendo así que convertiríamos en maravillosos los momentos que habían sido buenos y en buenos aquéllos despreciables. Quisimos tener todo, explotar al máximo esta oportunidad que se nos había otorgado de volver atrás y salir victoriosas de una falla en la curva espacio-temporal. Un poco ingenuas, ¿no?
De más está decir que las cosas no resultaron como esperábamos y ahí entendí que la incertidumbre del futuro era necesaria. Toda una vida queriendo que lo que estaba por venir fuera obvio y predecible y nuestra única oportunidad estaba completamente arruinada por la ambición desmedida que nos poseyó. Era tan obvio que la vida no nos iba a hacer ningún regalo que no puedo entender como nos sentimos afortunadas con ese retroceso. Lo arruinamos todo, hasta nuestras propias cabezas. Día a día la locura se iba adueñando de nosotras, no se le podía explicar a nadie por lo que estábamos pasando y queríamos que todo fuera un mal sueño para vivir de pronto el despertar abrupto que te devuelve a la rutina. Nada volvió a ser lo mismo, ni en nosotras, ni alrededor nuestro. Ahora que conocíamos los saltos temporales temíamos uno nuevo todo el tiempo y no pudimos vivir ni un segundo de esa semana con tranquilidad.
Después de revivir tantos sucesos ya determinados, el final lo determinamos nosotras, nos reunimos en casa un día y destruimos el artefacto por completo; martillazos sobre la estructura y fuego en todos sus componentes. El procedimiento tuvo caracter de solución a todos nuestros problemas, se pudo ver en el disfrute que experimentábamos con cada toque de destrucción que le imponíamos a aquel objeto que había logrado desconfigurar nuestras vidas.
De todas formas, no se pudo deshacer lo hecho y todo lo vivido marcó también el final de nuestra relación; tanto mal nos habíamos hecho juntas que quizás lo mejor era no volver a cruzar palabra. Nuestra pesadilla no logró enseñarnos mucho, solo nos plantó más dudas y sabiendo que no había final feliz posible, optamos por el más triste.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Como si fuéramos una sola.
Ya no sé qué estoy haciendo.
En algunos momentos ignoro mis pensamientos y todo está muy bien. En otros, los llevo tan al límite que la locura me parece un entretenimiento y le pone un poco de intensidad a mi forma de vivir esta mentira. La peor parte son las mesetas; esos momentos en los que no me acecha la locura y tampoco puedo abstraerme de la realidad que me rodea. Pienso tranquila, me pongo triste, dudo de mis decisiones constantemente. De ahí salen algunas ideas deprimentes, con las que después sueño, como pensar que quizás distanciarme de vos no fue lo más sensato.
Quizás si le contara a mamá me lo reprocharía y me haría decidir volver las cosas atrás, pero no se lo puedo contar, sé que vos no querrías que se lo cuente tampoco, hay cosas que mamá no entiende bien.
Quiero racionalizarlo todo y no puedo. No sé quién se equivocó más acá y tampoco sé si esforzarme en medir nuestros errores me va a llevar a algo, cuantificarlo todo no parece ser la solución, no viene funcionando. Sí sé que lo importante sería dejar de equivocarnos, pero ¿cómo?
Capaz que exagero pero siento que las decisiones tomadas en este momento del año y de nuestras vidas van a marcar una diferencia en nuestro futuro. Tengo que pensar bien en lo que voy a hacer de ahora en más.
Me acabo de dar cuenta de las pocas seguridades que alberga este texto y de las pocas soluciones que se me ocurren para todo este problema. Hay solo una cosa de la que estoy segura; últimamente me falta una parte importante de mí y la sensación no tiene una explicación racional, nunca la tuvo. Hablar con esa parte lo suficiente como para no perderla del todo es lo único que puedo hacer.
sábado, 5 de marzo de 2011
Sobre las cosas que te pasan.
Cada vez siento más que hay cosas que pasan sin que uno tenga ninguna responsabilidad sobre ellas. Son cosas que quizás puedan parecer previsibles y en algún momento uno haya pensado que podía evitar, pero que de repente un día suceden. Cuando suceden te dejan con esa sensación de que no había nada que hacer para evitarlas, se las podía retrasar, pero eventualmente iban a pasar. Se siente como si estuvieran determinadas, y eso que yo no creo en el determinismo.
La sensación que me deja esto contribuye a aumentar mis ganas de parar, de dejar de jugar a este juego por un rato, porque siempre que llego a pensar que soy un jugador con conocimiento de las reglas y que me puedo mover como yo quiera, algo pasa. Estoy bastante cansada de que todo funcione así, cansada de no entender el por qué de las cosas y de tener que aceptar constantemente sucesos inexplicables, pero lamentablemente el sinsentido de la vida va a seguir haciendo que yo transcurra por estos procesos. No tengo todo el control que quisiera sobre mi vida y si decido seguir viviéndola la trama va a ser siempre la misma, mi lucha por conseguirlo.
La sensación que me deja esto contribuye a aumentar mis ganas de parar, de dejar de jugar a este juego por un rato, porque siempre que llego a pensar que soy un jugador con conocimiento de las reglas y que me puedo mover como yo quiera, algo pasa. Estoy bastante cansada de que todo funcione así, cansada de no entender el por qué de las cosas y de tener que aceptar constantemente sucesos inexplicables, pero lamentablemente el sinsentido de la vida va a seguir haciendo que yo transcurra por estos procesos. No tengo todo el control que quisiera sobre mi vida y si decido seguir viviéndola la trama va a ser siempre la misma, mi lucha por conseguirlo.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Otro engranaje en la Máquina
Lo siento tan intenso que debe ser cierto; me estoy volviendo loca. Tengo que volver a las banalidades para no planear un suicidio cercano. Tengo que seguir haciendo planes a largo plazo para no ir a la farmacia a comprar muchas pastillas. Pero ¿por qué?, si yo no quiero seguir pasando por todo esto, si yo no quiero sufrir lo que me espera. No me entiendo. Me quiero engañar, me quiero creer las cursilerías y ¡no puedo! Hay algo en mí que no me permite dejarme morir y no lo considero una de mis virtudes.
Quisiera hablar con alguien pero no muchos me entienden. La mera mención de mi locura y mi suicidio próximo generarían pánico y habría que dar explicaciones que nadie quiere escuchar. Yo sé muy bien que no lo quieren escuchar. ¿A quién puede gustarle que lo convenzan de que su existencia no va hacia ningún lado, que su presencia en este mundo es tan efímera como la del más diminuto ser que jamás va a llegar a ver? Somos despreciables y no podemos aceptarlo.
“Hay dos tipos de persona en el mundo: a los que les resulta fácil ignorar esta idea de que la vida no tiene sentido y a los que les resulta difícil” A mí se me está complicando muchísimo. Después de mi última charla sentí que nunca más iba a querer hablar con nadie, ¿para qué?, no es que ya no los quiera, pero no puedo entender que no sufran lo mismo que yo.
Es tanto lo que ya no comprendo que se me confunde el todo con la nada. La cabeza me explota y no puedo unir las dos líneas de pensamiento que vienen apareciendo en mi mente desde que tengo conciencia. Lamentablemente hay una que prevalece, y por eso sé que no soy una de las personas que nacieron para vivir en la realidad. Jamás voy a poder salir de mi plano racional, jamás lo voy a poder unir con el sensorial. Ya está, estoy loca. No quiero sentir nada nunca más, no quiero que me guste nadie nunca más, no quiero mirar, no quiero tocar, no quiero. Ahora que todavía puedo hacer todas esas cosas me siento igual que si no pudiera hacer nada. La nada y el todo se complotan en mi contra.
Podría seguir pensando toda la vida, solo que eso implicaría vivir. Y aparentemente solo soy una careta, soy un discurso y no soy actos. Me voy a levantar mañana a la mañana y voy a seguir con esta farsa porque soy una más y no puedo dejar este papel. Si tan solo pudiera dejar de sentir por un momento…
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)