Me mira por la ventana todas las tardes, mientras tipeo entradas de este blog.
Fija sus ojos verdes sobre mis ojos y cada vez quiero más que sea mío. Aunque realmente no sé qué es lo que eso quiere decir. "Hola, soy tu dueña", no, él no me entendería. Además quizás no haya que privarlo de su libertad y mucho menos de su salvajía. "Te quiero domesticar", quizás ese es un error mío. Sé que en realidad me encantaría ser dueña de todos los especímenes de su raza, aunque muchos no lo entiendan. Si tan solo se lo pudiera hacer entender a él. Por suerte mi voz ya no lo asusta. Trato de explicarle que yo solo quiero ayudarlo y que no le voy a hacer nada malo (o por lo menos eso es lo que yo creo) y me aproximo lentamente. Hay días en los que tarda más en escapar y a mí me gusta pensar que es por mi voz. Quiero creer que de alguna forma lo tranquilizo y que este es un proceso que un día lo va a llevar a confiar en mí. Confiar tanto como para querer que yo lo cuide.
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