Me estaba acordando de todas las veces que me dijeron que no. Y ahora entiendo el porque de mi actual miedo al rechazo.
Cuando estaba en tercer grado me gustaba mucho un chico que se llamaba (se llama todavía) Lucas Rama. Como me gustaba tanto yo imaginaba un mundo maravilloso en el que podíamos ser novios. Además ese mundo para mí podía llegar a existir en la realidad perfectamente. Entonces un día llegué a casa y le dije a mamá "¿puedo tener novio?", a lo que mamá respondió sorprendida "sí", acto seguido agarré una hoja, muchos colores y escribí en grande "¿querés ser mi novio?", hice un sobre y le adjunté un anillo, con una aclaración en alguna parte de la carta que decía que si la respuesta era que sí, que usara el anillo en el colegio. Al día siguiente esperé al recreo y deposité la carta en su mochila cuando nadie veía, pero los días pasaron y no había respuesta, hasta que pasó más de una semana y yo estaba bastante ansiosa. Le miraba las manos todos los días y no había anillo, y encima ya no me hablaba tanto como antes. Una tarde me decidí a llamarlo por teléfono y preguntarle cuál era su respuesta, porque era imposible que no la hubiera leído. Fue un momento muy difícil, marcar, esperar a que atiendan, pedirle a su mamá que me pase con él y después decirle tímidamente "yo te llamaba... emm, por la carta, ¿la leíste?", para escuchar del otro lado "sí" (¡el forro le ponía suspenso encima!) y responder "bueno... ¿cuál es tu respuesta?" (muriendo por dentro). A eso él balbuceó un "no, no quiero..." y yo me morí, no me acuerdo bien qué dije pero corté lo más rápido posible para correr llorando a decirle a todos en casa que me había dicho que no. Me acuerdo como si fuera hoy de estar sentada en las piernas de papá y que me consolara con un "bueno, él se lo pierde, ya se va a arrepentir", palabras muy alentadoras, por cierto.
Y esta historia solo fue la primera, parece que yo no aprendí la moraleja, porque no dudé en mandarle un sms al volantero en segundo año declarando mis sentimientos, para al otro día recibir como respuesta una huida corriendo. Y sí, manu era raro, pero la que estaba más jodida era yo, que flasheaba que algo podía pasar.
Ahora creo que ya sé cómo actuar, mis dos circunstancias previas me enseñaron a nunca más declarar a nadie mis sentimientos, o por lo menos no por los medios de comunicación que usaba antes.
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