viernes, 30 de marzo de 2012
Intersección nula entre conjuntos.
"Podríamos decir que no hay un motivo real para que este tipo de correspondencia sea enviada desde el señor remitente hacia el señor destinatario. Podríamos decir que el señor remitente en realidad no es un señor, pero eso sería quizás incurrir en detalles un tanto delicados acerca de la existencia en el mundo real del señor remitente; habría que indagar en su género biológico, en su género psicológico y quizás hasta llegaríamos a hablar de sus preferencias sexuales. El señor remitente se niega de manera rotunda a que se desencadenen estos sucesos y prosigue con la (aún no empezada) redacción de la correspondencia.
El señor remitente se decidió a emprender esta difícil tarea por haberse sentido en el día de la fecha todo remitente y nada destinatario. Ha pensado el señor remitente que existen dos conjuntos: el de los remitentes y el de los destinatarios y que puede el reino de los humanos ser dividido en esos dos conjuntos sin obviar ningún elemento. Ha sentido entonces el señor remitente que no quiere formar parte siempre del mismo conjunto, ha llorado su permanencia en el conjunto que le tocó habitar y se ha decidido a cambiar la situación. Sueña el señor remitente con formar parte a la vez de ambos conjuntos, sueña el señor remitente con una correspondencia del señor destinatario, que lo saque de su sufrimiento y lo coloque a su vez en el maravilloso e idílico punto en el que se intersectan los conjuntos. ¿Podrá ayudarlo el señor destinatario?"
Mail enviado a Javier Ezequiel Heredia.
martes, 13 de marzo de 2012
Contame algo tuyo.
(eso es lo que yo hubiera respondido, si hubiera habido alguien del otro lado dispuesto realmente a escuchar)
martes, 6 de marzo de 2012
Disparador.
Estoy sumida en una realidad en la que todo parece relatable, leíble y atrapante. Camino mis días mirando a través de unos ojos nuevos que me invitan a narrarlo todo. La reunión del domingo a la noche, la previa salida a la heladería, hasta este viaje en colectivo podría llegar a convertirse en literatura. Sin embargo algo falta todavia. Sé párrafos enteros de lo que será mi primera novela, pero necesito un hilo, un tema, una idea que me tortura con su ausencia.
Se escuchó el golpe característico del portón que se cerraba, que en esa época solo sabía ser verde, como gran parte de la casa algunos años atrás. La marcha de los que entraron era distinta, no creo haber vuelto a ver nada así. Había en sus caras una mueca siniestra,tenían lo que alguna vez designé como "caras de muerte" y avanzaban hacia mi para contagiarme su pesadilla. Bastó con que entraran para que se supiera suficiente y en una escena muy comunicativa me lo dijeron todo sin pronunciar palabra. Se había muerto un mundo y el mío empezaba a su vez a tambalearse al borde del abismo.
El hombrecito que reposa sentado en un sillón en el living de mi mente tiene que levantarse a apretar el gatillo.