domingo, 29 de enero de 2012
Y de repente llueve.
Estoy gritando muy fuerte, tan fuerte que me veo serena y no se me escucha. Me pregunto si estaré pidiendo ayuda y nadie presta atención o si me olvidé cómo se hacía y entonces solo consigo un silencio que no deja ver ni un poquito la guerra que está teniendo lugar adentro mío. Se me escapa el tiempo como si nada, se acumulan en mi historia horas que no voy a recordar y así voy recopilando días insignificantes. Debato conmigo misma acerca de mis pasiones, me cuestiono si aún las conservo y en los peores momentos siento que nunca las tuve, las desconozco. Retumban en mi mente todos los "tendría que" que tan estrictamente supe construir y ya no hay sentimientos, los aplaqué a todos en busca de control. Reflexiono y considero que quizás nunca sea capaz de amar realmente a alguien, pero eso no me da miedo, miedo siento cuando pienso que tal vez algún día lo haga y se me vaya todo de las manos hacia ningún lugar. De todo esto rescato que ya no lloro, porque no sé exteriorizar; no exteriorizo abrazos que me muero por dar ni devuelvo besos que muy dulcemente me son dados, ahí es cuando explotan luces de colores en mi cabeza y en mi cara sigue la misma puta mueca.
domingo, 22 de enero de 2012
Ni única ni especial.
“Sos roja cuando hablás de él”. Me descubrí a mí misma en una situación típica, situación que hubiera querido evitar o mejor aún nunca haber alcanzado. Siempre diciendo que quería tener un vínculo ideológico con alguien y enlistando las maravillosas características que ese vínculo debía abarcar, y de repente, chau, ahí estaba, sumergida en todo lo que pensé (o pretendí) no anhelar. Estaba siendo no la segunda ni la tercera sino una de las muchas pretendidas por él, estaba siendo elogiada constantemente con alusiones sexuales atrevidas y a veces también románticas, estaba odiando por las noches y enamorándome durante el día, y todo eso lo quería seguir haciendo. Me gustaba demasiado como me hacía sentir su mirada y en ella más que nada el hecho de que estuviera dirigida hacia mí. El salir hacia afuera de la situación me obligaba a odiarme un poco por mi papel y a querer huir, el estar adentro solo me seguía sumergiendo. Los planes estrictos y el paso del tiempo hicieron que se terminara todo abruptamente y ahora solo tengo una historia que en unos meses va a pasar desapercibida pero que en este momento logra pesar mucho más de lo que debería.
domingo, 4 de diciembre de 2011
No se vuelve a ser el mismo.
Desperté horrorizada, recuerdos confusos me llevaban a creer en ese instante que había estado durmiendo por horas. El último sueño había estado tan lleno de frustración que parecía interminable y, consciente de estar inmersa en mi inconsciente, lo hice terminar. De tantas cosas feas que habían pasado por mi cabeza en esos breves diez minutos de siesta solo había quedado bien grabada una frase. En el sueño yo la repetía como una verdad, la promulgaba a un público desconocido y parecía ser la única cosa de la que estaba realmente segura en el mundo; "después de haber visto a alguien transitar el camino hacia la muerte, no se vuelve a ser el mismo".
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Orgullo.
Hace mucho tiempo que no logro sentarme a escribir algo, estoy llena de borradores con párrafos inconclusos que releo, odio y guardo. Los guardo porque los veo como pedacitos de mis procesos mentales y porque me gusta saber que si esos pensamientos, relevantes o no, se pierden en mi mente, por lo menos son un word en mi escritorio. No logro publicarlos porque no puedo sentirme orgullosa de ellos cuando los creo, así como no puedo sentirme orgullosa de nada de lo que hago, nunca. Soy de los que cuentan un chiste y miran las caras de las personas alrededor para evaluar el impacto y nunca lo evalúo en mí. Paso mucho tiempo revisando acciones pasadas y reprochándome cosas, me ataca la culpa de no haber hecho todo perfecto en el momento indicado. Cuando algo sale bien, no puedo salir de mi asombro y sigue presente en mí la sensación de que en cualquier momento todo va a fallar, se van a conjugar miles de factores inesperados y ahí voy a estar yo, para pasarla mal. A veces pienso en todo esto como un problema a solucionar, como algo que la terapia debería ayudarme a superar y después me doy cuenta de que hacerlo, dejar atrás todo esto que define mis días sería arrancarme un pedacito y tirarlo a la basura. No me gusta pensar que estos defectos me vuelven improductiva y que puedo llegar a ser feliz y optimista un día, no me gusta pensar que voy a hablar bien de la vida y que voy a tener ganas de que no se acabe. Si me gusta o no el sufrimiento es algo que no puedo y que quizás hasta no quiero decidir, es mi incógnita personal.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Tontita.
Hablamos de que la construcción de la subjetividad es histórica y está atravesada por una serie de instituciones; de estructuras. Hablamos de que mi familia es una de esas instituciones y de que sus miembros me construyeron tal como soy. Hablamos de que no nos llevábamos bien y de las veces en las que lloré por no ser suficiente para él. Hablamos de que no hubo tiempo para ser más y para demostrar que yo podía ser la mejor y de cuanto me pesa eso todos los días, desde hace cinco años. Esos cinco años en los que yo me convertí, sin darme cuenta, en mi propio papá.
domingo, 21 de agosto de 2011
Ricky Espinosa, el dadaísmo, el nihilismo y yo.
“Es que vivimos en la época del hipervínculo, siempre que leemos algo en nuestra mente una palabra nos lleva a otra relacionada y esa a otra y así se desvían nuestros pensamientos fuera del texto.”
Jugo tang con alcohol etílico. El perfil de facebook de una persona me lleva a una canción, una en la que Ricky usa su palabra favorita “mierda” para describir todo. Cuando dice “la vida es una mierda” nos reímos y yo pienso “che, este tipo sabía algo de filosofía”. Hipervínculo. Leo textos sobre él, biografías, Ricky pensaba en el suicidio y de hecho, lo concretó, aunque algunos dicen que lo segundo no fue consecuencia de lo primero. Había dedicado su carrera artística a la elaboración de música antiestética, a veces disonante, a veces de la que hace doler los oídos.
No puedo ocupar demasiado tiempo con Ricky porque la cursada me demanda atención, tengo que averiguar sobre el dadaísmo para la exposición de Historia del Arte que se acerca.
Un mingitorio y una rueda de bicicleta. El dadaísmo es mucho más interesante si se lo encara desde su filosofía. Frente a los convencionalismos burgueses, surge lo opuesto, la negación a todo eso, el anti-arte. Se construyen obras de arte que no encajan en el casillero de “obra de arte” que proponían las academias, así se cuestiona la belleza eterna, la eternidad de los principios, las leyes de la lógica y la inmovilidad de pensamiento, entre otras cosas. Hipervínculo. El mingitorio de Duchamp se ve feo, así como la música de Ricky suena mal. “El deleite estético no era una de sus intenciones”. Ambos quieren decir algo, quieren romper con lo anterior y mostrar el sinsentido del arte y de la vida.
“El arte está muerto”. La mayoría de los artistas dadaístas tenían un pensamiento nihilista. Hipervínculo. El nihilismo es “la muerte en vida del mundo primero”. El mundo primero es aquel en el que nos encontramos ahora mismo y que para muchos es solo un camino hacia un mundo segundo, supraterrenal. ¿Cómo muere en vida el mundo primero? Cuando se acepta la muerte de Dios. Así ya no hay mundo segundo, ya no hay cielo y por ende el mundo primero deja de ser camino hacia algún lado, pierde sentido. El nihilismo es un estadio casi inherente al ser humano, es el movimiento fundamental de la historia de Occidente.
Muere el arte burgués. Deja un casillero vacío, los dadaístas intentan llenarlo con obras de elaboración aleatoria, sacadas de lo cotidiano y antiestéticas. Ricky intenta llenarlo con su música sencilla:
“No tengo problemas en no ser Beethoven
mis sucios tres tonos repiten esta canción
hago lo que quiero total no me importa
no tengo que darle a nadie alguna explicación
nada me calla la razón me da valor
de seguir asi sin parar
de tocar punk rock”
Hay que tener en cuenta que el nihilismo dadaísta no es nihilismo completo, en Nietzche no hay consuelo, no hay casillero que llene el que quedó vacío. “A pesar de la desvalorización de los valores hasta ahora supremos para el mundo, nuestro mundo sigue ahí y tiende inevitablemente a una nueva instauración de valores”. Así se dan las revoluciones y las vanguardias, así Ricky y Da-dá destruyeron lo que había e instauraron algo nuevo.
martes, 2 de agosto de 2011
Se acabaron los principios.
¿Y empezaron los finales? Todavía no.
En casa desde chica me decían que no es bueno maldecir y que nunca hay que odiar a nadie. Tardé mucho en descreer todo eso y empezar a replantearme esa culpa que sentía cuando cruzaba por mi cabeza el "ojalá que se muera pronto" y otros pensamientos de ese tipo. A veces pienso en matar a alguien, y pienso que el sentimiento inmediato sería horrible, pero no sería muy mío, sería más de todos los que alguna vez me dijeron que matar estaba mal. Entonces vendrían los problemas ajenos a volverse míos y me condenarían prejuicios muy superfluos, al aislamiento y a otros castigos. ¿Reflexionaría yo en ese caso? Habiendo estado convencida a la hora de matar de que mi moral (o quizás mi falta de moral) tenía un sustento válido, los días aislada de esa sociedad que nunca me entendió no tendrían tanto de castigo sino un poco más de premio y no cambiarían mis convicciones, nunca. Terminar con una vida debe cambiarlo a uno rotundamente, la concepción del mundo después del acto debe ser tan distinta que no puedo ni imaginarla, ¿será poder? ¿será soberbia?. Si tuviera muchas vidas elegiría una para ser como soy, otra para tener muchos hijos y otra para matar a quien me plazca. Me di cuenta de que nosotros creemos saber mucho, lo cierto es que sabemos de procrear y sabemos de principios, pero no de finales.
En casa desde chica me decían que no es bueno maldecir y que nunca hay que odiar a nadie. Tardé mucho en descreer todo eso y empezar a replantearme esa culpa que sentía cuando cruzaba por mi cabeza el "ojalá que se muera pronto" y otros pensamientos de ese tipo. A veces pienso en matar a alguien, y pienso que el sentimiento inmediato sería horrible, pero no sería muy mío, sería más de todos los que alguna vez me dijeron que matar estaba mal. Entonces vendrían los problemas ajenos a volverse míos y me condenarían prejuicios muy superfluos, al aislamiento y a otros castigos. ¿Reflexionaría yo en ese caso? Habiendo estado convencida a la hora de matar de que mi moral (o quizás mi falta de moral) tenía un sustento válido, los días aislada de esa sociedad que nunca me entendió no tendrían tanto de castigo sino un poco más de premio y no cambiarían mis convicciones, nunca. Terminar con una vida debe cambiarlo a uno rotundamente, la concepción del mundo después del acto debe ser tan distinta que no puedo ni imaginarla, ¿será poder? ¿será soberbia?. Si tuviera muchas vidas elegiría una para ser como soy, otra para tener muchos hijos y otra para matar a quien me plazca. Me di cuenta de que nosotros creemos saber mucho, lo cierto es que sabemos de procrear y sabemos de principios, pero no de finales.
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