Estoy en la
plaza de nuevo, estoy con unos sentimientos encontrados en la cabeza, una
combinación entre tristeza, alegría, ganas de morir, ganas de nada. Estuve
cerca de dos horas en la librería y las cosas se fueron desarrollando… lindas,
yo estaba…al principio estaba contenta, de hecho caminé estas cuadras con
sonrisas que se veían apagadas por gritos de desesperación. De repente el mundo
se hizo chiquitito chiquitito y como que ya no entro más.
Bueno,
llegué a la librería y le dije que bueno, que había pasado mucho tiempo que no
nos veíamos, me dijo que sí, en ese momento yo había pensado que le iba a
preguntar si me había extrañado, y no me animé. No le pregunté nada, hablamos
de Papini de nuevo, me dijo que se había confundido y el libro que pensaba que
tenía no lo tenía, bueno, fue una pena, yo lo lamenté. Duró mucho toda la
conversación en general, así que me pone mal pensar que perdí como detalles.
Pasaron algunas cosas importantes, bueno, nos conocimos mucho, por lo menos me
dejé conocer mucho. Creo que ya me lee de adelante para atrás y de atrás para
adelante y que entiende bastante como funciono. No sé si eso será bueno o malo,
no sé. Hablamos de qué estudiaba yo, él pensaba que yo estudiaba Letras, él
estudió -en un pasado de juventud- Artes combinadas, me pareció maravilloso, en
Puán. No, bueno, le pregunté su edad, nunca le dije la mía, me dijo que tiene
27, pero se sobreentendió que yo era mucho más chica, después ahondamos en mis
actividades actuales, en mis planes de estudio, bueno, dejé saber que no hace
mucho que terminé la secundaria, me dijo que era una nena. Se ríe mucho, se ríe
mucho y me mata, como que cada risa aniquila una parte de la burbuja gigante
que pude construir alrededor suyo y lo pone más cerca mío, más cerca no sé si
bien, no sé si mal, debo haber perdido por completo la capacidad de discernir
si lo que me está pasando es bueno o malo, no puedo valorar, perdí la capacidad
de valorar.
Bueno, no,
hablamos un montón de mí, yo hablé mucho en realidad, yo hablaba y él se reía y
me miraba como de una forma en la que yo pensaba que podría llegar a gustarle,
me miraba lindo, me miraba sonriendo, yo interrumpí muchas veces mis monólogos
para preguntarle de qué se reía porque de alguna forma me desesperaba, me
desesperaba que se pusiera cerca de mí con la risa y no saber si yo estaba
haciendo el ridículo o estaba logrando mi tan difuso y tan amplio objetivo.
Bueno, en un momento se rió mucho de mí y yo le pregunté qué le pasaba y me
dijo “es que sos muy linda” esa fue la parte, Fase I de aniquilación de Naza.
En ese momento yo tendría que haber largado un “vos también”, vi pasar el “sos
muy linda” corriendo, se fue, voló, se alejó por completo de la situación,
quedó perdido, yo no lo rescaté, obviamente no lo pude rescatar.
-
¿Todo bien amiga?
-
Sí.
-
Mirá, estamos en situación de calle,
estamos pidiendo unas monedas para poder comer.
-
A ver, esperá…
-
Elegite una. (me acerca unas
postales)
-
Ahí agarro…
-
Bueno, muchas gracias.
-
No, de nada
Bueno,
sufrí una breve interrupción. Ay, me puse un poco nerviosa. Estaba en que… en
que bueno, me sonrió un montón de veces y yo me desesperaba y no sé, pudimos
avanzar un montón en distintos tópicos de conversación, le conté que hoy voy a
ir a ver a Guillermo Martínez, le conté de mi carrera, de mis planes de irme a
vivir muy lejos, se fascinó con algunos rasgos de mi personalidad, yo lo podía
ver en la forma en que me miraba y se reía, el hecho de que me guste siempre
elegir lo más difícil, me dijo que era “brava”, que era exigente. También en
alguna de las risas que le reproché me dijo que no le tenía que reprochar las
risas, porque me estaba conociendo, parecía contento de estar conociéndome y yo
estaba en las nubes, muy, muy lejos. Y bueno, en algún momento se pidió algo
para almorzar, estuve ahí realmente mucho tiempo, yo tengo mucha hambre, quería
almorzar con él, obviamente no pude ni siquiera esbozar la idea que quería
plantear. Hablamos de la muerte, del sentido de la vida, de ser normales y
anormales, me dijo que yo era “un personaje”, cada tanto me detenía, detenía
mis tantos monólogos para exclamar que yo era un personaje, que era rara, que
no era normal, pero eran todas valoraciones positivas aparentemente, cuando se
reía tanto en algún momento me dijo que no se burlaba de mí, que yo no lo tenía
que tomar como una burla, que le parecían divertidas mis historias, le parecían
graciosas mis historias. Hablamos de mi blog, de que tengo un blog en el cual
grabo una audionovela, una audionovela que le pareció una empresa muy
interesante, que quiere escuchar, que le dije que no puede escuchar.
De alguna
forma forjamos una relación así como de amor-odio, de un maltrato más de mi
lado que del suyo, puse distancias reiteradas veces con… no sé, de alguna forma
me mostré importante, me quise a mí misma en mi discurso y se rió mucho de eso.
Le pregunté un par de veces si tenía algo para contarme él porque me incomodaba
estar hablando tanto yo sola, como siempre, sola. Pero no tuvo mucho para
decir, me contó que bueno, que trabajaba con el padre en ese lugar, que la librería
era del padre, me preguntó por mi familia, me contó de la suya, me dijo que quiere
hacer un curso de meditación, es de los que piensan que la vida no tiene
sentido, me dijo que todas mis ideas estaban muy cerca de las suyas, que de
hecho estaban mucho más cerca de lo que yo pensaba pero que él me discutía todo
porque le gustaba verme reaccionar. Bueno, yo en toda la conversación pensé mil
veces en todo lo que me había dicho la gente que tenía que hacer y todo lo que
yo había pensado que tenía que hacer y no hice nada, por suerte pude hablar un
montón, tranquila...
Le dije que
estaba bueno que yo no fuera normal porque de alguna forma le permitía a él
entretenerse, reírse, que si yo hubiera sido una persona normal no podríamos
haber hablado de nada, que yo hubiera destacado alguna cualidad de su librería
y hubiera pasado un martes solo y no estaría en esta plaza hablando sola.
Bueno, me dijo que quería leer mi blog, que quería escuchar la novela, le dije
que no podía, le dije que nunca le iba a decir mi nombre porque si le decía mi
nombre me iba a poder encontrar, entonces me dijo que me pusiera un nombre, un
alias, así él me podía llamar por mi alias, me pareció realmente muy buena la
idea, le dije que se pusiera un alias él también. Yo me llamé Mora, siempre me
llamo Mora cuando tengo un alias y él se puso su propio nombre porque realmente
parecía querer decírmelo y se llama Manuel. En un momento hablamos de leer
cosas en voz alta, de lo lindo que era la oralidad, de lo mucho que a mí me
gustaba esto de la audionovela porque me permitía explayar todas las cosas que yo
pienso de una forma menos acotada, menos editada. Y de lo difícil que era con
la simultaneidad de pensamientos, que es algo recurrente estar pensando en mil
cosas a la vez, poder narrar lo simultaneo sin caer en lo sucesivo, le pareció
interesante, me habló de Deleuze, de filosofía.
Bueno, yo
pensé como que de alguna forma había estado esgrimiendo todas las armas
posibles como para cautivarlo y bueno, cuando hablamos de leer en voz alta me
dijo que era una actividad que le gustaba mucho y que de hecho hace poco lo había
experimentado, porque estaba con su novia, y… le leyó una parte de la Odisea porque él lo
estaba leyendo y la novia le pidió que se lo leyera en voz alta, y le gustó
mucho, le pareció una experiencia muy buena. Esa es la segunda fase de
aniquilación de Naza… Lo volví tan real, se volvió tan real que hasta llegó a
tener una novia. Creo que se habrá transformado la mueca en mi cara, lo que
venía a ser una sonrisa, el optimismo se me fue a la mierda, la edad me había
afectado un poco, pero todo venía tan bien que no esperaba que tuviera una
novia, deslizó al pasar a la novia, la mencionó solamente en esa ocasión pero
la dejó ver, lo importante es que la dejó ver, por algo la dejó ver.
Bueno, en
algún momento llegó su papá, lo conocí. Quise sacarle un poco de charla, no fue
muy simpático, parece un tipo muy interesante de todas formas. Y yo ya me tenía
que ir ya había pasado demasiado tiempo ahí, ya no podía sostener la combinación
contradictoria de sentimientos que tenía en la cabeza. Le quise comprar un
libro de Análisis Matemático que estaba necesitando, el problema era que tenía
que pagar con débito y yo no quería que el supiera mi nombre, así que le dije,
me dijo “bueno, hacé que te cobre mi papá”, me cobró su papá.
Antes de
irme me dijo que iba a buscar mi blog y que iba a dejar comentarios anónimos en
mi novela, y yo le dije que por favor no lo hiciera. Le dije que a él le
gustaba decirme que yo era un personaje, que a mí me gustaba que me dijera que
era un personaje porque realmente sería muy lindo ser un personaje en una
novela de alguien, me dijo que bueno, que lo podíamos pensar como que éramos
todos personajes de un ente mayor, yo le pregunté si a él le gustaría ser un personaje
en una novela de alguien y no contestó, para mí significó mucho que no
contestara, se rió, como tantas veces en las dos horas que estuve ahí, se rió
maravillosamente, una sonrisa amplia. No contestó, de hecho reiteré la
pregunta, la reformulé, le dije que no leyera mi blog, no creo que lo pueda
encontrar, espero que no lo pueda encontrar, tiene un papelito con mi nombre y
apellido que espero que nunca vea. Y le dije que no sabía si iba a volver,
porque la verdad que no sé si voy a volver, porque no sé qué voy a hacer, qué
voy a decir, si vuelvo, si yo fuera otra persona podría sabotear una relación,
su relación con su novia, si yo no fuera Naza podría seducirlo de alguna forma,
soy una pendeja, le podría llegar a calentar eso, podría jugar por ese lado,
pero no sé hacer esas cosas y no quiero y me molesta lo mucho que dejó ver de
él hoy solamente para terminar haciéndome saber que no voy a ver mucho más de
él, nunca. Me dijo que era trágica un montón de veces, yo sé que soy trágica,
me sorprende que lo haya notado tan rápido y que le haya parecido tan claro
cuando habló conmigo. Ya perdì o invertí mucho tiempo hoy en él y no quiero
invertir más porque se que voy a estar pensando en él todo el día, voy a estar
pensando en las cosas que no dije, en todas las risas. Sonó Pink Floyd en toda
nuestra conversación, yo nunca quise hacer mención a eso porque no quería que habláramos
de música, era un tema complicado, se me iba a ir todo de las manos.
Bueno, este
es el tercer capítulo de esta historia, pueden decidir si les gusta como va
avanzando, yo no sé si me gusta como va avanzando, quiero desaparecer, quiero
que él no exista más porque parecía más sencillo cuando no existía. Dijo que él
era muy anormal, me dijo que él no era normal, que era muy anormal, que nos
parecíamos, y entonces yo pensaba; si él descubriera todo esto, qué diría, qué
diría de que hablo de él sola, montones. Es un interrogante muy importante en
la trama de esta novela. Me siento cada vez más lejos de la salvación que
pensaba que iba a conseguir si lo acercaba lo suficiente a mí. Es una distancia
que parecía infinitesimal a medida que avanzaba la conversación y la puedo ver
ahora desde lejos como un abismo.
Sé que
estoy siendo muy negativa, pero no lo puedo pensar de otra manera y no me importa
estar siendo muy negativa. Cuando le dije que no sabía si iba a volver me
preguntó si era una amenaza, yo le pregunté si él se sentía amenazado por
eso, no sé, de alguna forma evadió la
pregunta. Yo no sé si quiere que vuelva y tampoco sé si quiero volver, voy a
dejar todo esto en suspenso, ya me extendí demasiado con la grabación, estoy
frustrada. Supo matarme dos veces con la misma espada y no sé si puedo o quiero
seguir acercándome. Voy a decir entonces, hasta algún día.
Me gusta darme cuenta de qué quiero decir.
ResponderEliminarPero... lindo. Muy, muy lindo.