Hoy es martes, el martes es EL día de la semana. Martes,
martes, martes, martes. Si me lo preguntaran en italiano -porque hoy aprendimos
los artículos determinativos- yo diría que no es “un giorno” sino que es “il
giorno”, “il giorno della settimana di Naza”, ya no hay más días que el martes,
no… no lo creo. Y el martes dura muy poco, a veces dura más, a veces dura
menos, estoy pensando que capaz que hoy duró demasiado poco. Estoy en la plaza
de nuevo, las cuadras que camino hasta acá, como que… nunca existen, siempre
estoy en la librería, siempre estoy en la plaza, siempre está la sonrisa, lo
demás no pasa, la semana dura solamente un día y es el martes, así como la
gente va los domingos a la iglesia, yo voy los martes a la librería, el martes
ya no es el segundo día de la semana, es el día de la semana. Y bueno, el
ritual de los martes ha sido concretado, no sabría decir si satisfactoriamente,
capaz que no haya que emitir juicios de valor al respecto, capaz que es
demasiado rápido o demasiado tarde. El martes transcurrió normalmente, por
ahora, me levanté, me bañé, había estado pensando toda la semana, capaz más que
otras semanas, va… todo lo que no fue martes me lo pasé pensando. Estuve
tratando de decidir cuál iba a ser mi actitud en el ritual del martes,
obviamente no decidí nada, cuando caminé la cuadra de italiano a la librería ya
había perdido todos los pensamientos de la cabeza y solamente temblaba, 1) de
frío y 2) de nervios. Esperé un ratito antes de decidirme a entrar porque no
sabía bien qué iba a decir, si iba a tener algo qué decir, si iba a estar él,
si iba a sonreir. Me vestí para él obviamente, cuando era chica íbamos a la
iglesia y yo me vestía para Dios, la gente hace eso, ¿no? Me hubiera vestido
menos provocativa para ver a Dios… Bueno, cuando llegué a la librería había
unas personas, estaba él, me saludó, le dije “volví” se puso contento, sonrió,
no sabía bien a dónde ir yo, si mirar los libros, si preguntarle algo, qué le
iba a preguntar, no sabía, estaba complicado… Me quedé mirando los libros, de
nuevo, me dijo que durante la semana le había llegado un libro de Papini -porque
Papini ya es nuestro tema de conversación- que le había llegado un libro de las obras
completas, y bueno, entonces me acerqué al mostrador para que me lo mostrara, lo
buscó entre las cajas que tenía, le pregunté cómo llegaban los libros a él,
porque era algo que siempre me había intrigado, me dijo que era porque los
vecinos cada tanto le decían que tenían una caja de libros y él se las
compraba, y así había llegado este libro que nunca encontró, que otra vez buscó
y me dijo que bueno, que para la próxima lo iba a tener seguro. Ahí eso me
gustó porque él estaba pensando en una próxima también, yo estoy pensando en
muchas próximas, si el martes es el único día que existe. Bueno, después del
acto frustrado de buscar el libro de Papini, me volví a los libros, me fui de
la caja, me puse a mirar los de Sábato porque voy a hacer un viaje y había
pensado que quería leer una novela corta, elegí dos, y le quise preguntar los
precios, cuando le pregunté los precios no me los dijo, le di los libros, se
quedó mirándome, le mostré algo que me había llamado la atención en uno de los
libros, era una dedicatoria. Yo creo que yo nunca podría vender un libro que
tuviera una dedicatoria, en ese momento lo primero que se me pasó por la cabeza
fue pedirle una dedicatoria, pero ya sabemos que yo soy Naza. Le mostré la
dedicatoria, se lee con dificultad, dice “25 de junio de 1970, Alina, deseo que
este libro te haga pasar un momento grato, tu sobrino, Ernesto” le dije que
pobre Ernesto que le había dedicado un libro a Alina y ahora el libro estaba
pasando de mano en mano en una librería, me dijo que bueno, que la mayoría de
las veces no eran los dueños los que vendían los libros, yo me puse a pensar
que un día alguien iba a vender mis libros, capaz que se los vendan a él, ¿no?
Bueno, quise saber los precios, se los llevó al mostrador, me contó que uno de
los libros lo estaba leyendo él y no lo
pudo terminar de leer porque se lo robaron, nunca hubiera imaginado una
desgracia tal como que te roben un libro. Me dijo que estaba de vacaciones con
unos amigos en Mendoza, estaban en auto, les entraron a robar al auto y se
llevaron un bolso que tenía ropa y que tenía su libro, justamente, dice que lo
que más extrañó fue el libro. No hace falta aclarar que yo para todo esto me
estaba muriendo, no estaba prestando mucha atención específicamente al relato,
lo seguía con la mirada, me pasaba igual que no podía detener la mirada
demasiado en él, me parecía que la mirada detenida, que el impacto de mis ojos
en los suyos iba a hacer que se diera cuenta de alguna forma de lo que estaba
pasando, que se diera cuenta de por qué estaba ahí yo, de por qué había estado
ahí ya dos veces en dos semanas anteriores y por qué la simpatía, por qué los
ratos… ahí, con él, sin hacer nada. Me dio miedo, el comportamiento Naza fue bajar
la mirada. Empecé a prestar atención y me estaba envolviendo los libros como
para comprarlos y en realidad lo que yo quería era saber los precios, ya no
podía volver atrás las cosas, los había puesto en una bolsita, me dijo “te doy
un señalador”, yo realmente no quería los dos libros pero no se lo podía decir,
le mencioné que necesitaba saber los precios, me dijo “ah, pensé que ya los
sabías, pensé que ya entendías los códigos” dijo nuestros códigos. Habla
siempre de la librería así en plural, a veces me asusta que haya alguien más
que él y que ese alguien sea una alguien, pero también pienso que quizás habla
de nosotros porque él es todos, él es nosotros, él es él, él es yo. Bueno, me
dijo los precios haciendo referencia a los códigos que tienen los libros, me
los aprendí, le dije que bueno, que yo había estado un par de veces ahí pero no
los sabía, le dije que el martes que viene no iba a poder venir porque es
feriado, me dijo “te vamos a extrañar”, él, todos, yo, los libros, “te vamos a
extrañar”. Hizo un chiste que no entendí, ¡cómo odio los chistes que no
entiendo! pasa eso, que de repente el chiste no entendido puede cortar el
ambiente de alguna forma, no se están manejando los mismos códigos, el mismo
lenguaje, yo tendría que entender todos sus chistes, siempre. Bueno, no
entendí, dijo que iban a trabajar horas extras ese martes, bueno, yo dejé ver
de alguna forma que no había entendido el chiste, le dije “no entiendo”, me
dijo “era un chiste”, situación incómoda, le pregunté si iban a abrir el
martes, me dijo que sí iban a abrir pero a puertas cerradas, sonó un poco
irónico, pero no quise hacer mención, quizás ya nos desentendíamos de nuevo y
se iba todo al carajo. También hizo mención al clima, dijo “hace frío, ¿no?”, y
no me gusta cuando la gente hace mención al clima, algo que había estado
pensando durante la semana era eso, que no quería que hiciéramos mención al
clima, cuando uno hace mención al clima es porque no tiene nada más para decir,
capaz que quiso decir algo y no supo que decir; ya habíamos hablado de Papini,
yo ya estaba comprando un libro, ya había deslizado de alguna forma una
anécdota de su vida con el robo del libro y las vacaciones, y bueno, había que
hablar del clima, ¿no?. Yo dije que sí, que hacía frío, y nada más. Me di
cuenta de que estaba poniendo los libros en una bolsa de plástico y yo le dije
que la primera vez me había dado una bolsa más linda. Toda la conversación
transcurrió entre sonrisas y miradas detenidas que yo no dejé que se detuvieran.
Sacó los libros de la bolsa y me dijo “bueno, ¿querés una bolsa más linda?”,
buscó una bolsa linda y me dijo que era exigente, ahí eso me mató. Me dijo “se nota
que sos exigente”, otra mirada detenida… otra evasión de mi parte… las cosas se
estaban tornando más familiares, más personales, habíamos pasado de Papini a
sus vacaciones, de sus vacaciones al clima y del clima habíamos mejorado a mi
personalidad, o lo que él percibe de mi personalidad, me va extrañar, soy
exigente… Bueno, puso los libros en una bolsita re linda de papel madera y
tristemente ahí me di cuenta de que ya me tenía que ir, había hecho todo tan
rápido que ya me tenía que ir, no me gustó pero no me arrepiento porque quizás
prolongar las cosas hubiera hecho que volviéramos al clima o quién sabe a qué
cosa que a mí no me interesaría hablar. Me fui por la calle, caminé las cuadras
que no existen hasta acá y cambié en mi mente las obscenidades de la boca de
los señores que pasaban por preguntas, todos me fueron preguntando cómo me
había ido, decían “y Naza, ¿cómo te fue?” les dije que escucharan hoy la
grabación, que iba a estar en mi blog, que a la noche lo subía, que iba a estar
desgrabada también. Yo y lo que me estaba pasando era lo único que estaba
pasando, así lo percibí yo, todos estaban contentos porque yo había estado en
la librería, todos sabían que yo estaba yendo a la plaza, todos menos él, medio
contradictorio porque él es todos también. En un momento cuando estábamos en la
librería también entraron un hombre y una mujer y preguntaron por libros de
adivinanzas, él les mostró un par y les dijo “para chicos, ¿no?” y los señores
no querían libros de adivinanzas para chicos, sino que querían libros de
adivinanzas para ellos, me llamó la atención la verdad y él no tenía libros de
adivinanzas para grandes, así que se fueron, tristes. Después le hice mención a
eso, le dije que qué raro que buscaran libros de adivinanzas para grandes, me dijo
que al también le había llamado la atención, le dije que quizás hubieran tenido
que decir “acertijos”, me dijo que sí y ahí dijo una frase que por tonta quizás
no debería haberme llamado la atención, me dijo “sí, pasa que la palabra
adivinanza tiene una carga más infantil”. No sé, con el vocabulario pensé que
capaz que había estudiado algo, ¿no? Dijo “carga”, dijo “una carga infantil”,
no sé, mi mente se detuvo en un detalle que obviamente pude enaltecer con
facilidad, para concluir que es un ser completamente maravilloso y además lo
deja ver en su vocabulario, capaz que las cosas se me vayan de las manos, el
martes que viene no va a ser martes, no hay más días hasta dentro de mucho
tiempo, no va a haber librería. Tengo miedo de pasar demasiado tiempo pensando,
tengo miedo ya de haber pensado demasiado y que por eso mi visita haya durado
tan poco, tengo miedo, ¿qué voy a hacer el martes que viene?, no sé, voy a
dedicar un momento para recordar el tiempo que yo hubiera pasado en la
librería, voy a leer el libro que él no pudo terminar de leer, le dije que se
lo tenía que comprar de nuevo, que se lo autocomprara y lo leyera, me dijo que
sí, que debería, cuando vuelva quizás el próximo martes, él ya va a tener el
libro de Papini, yo voy a haber leído el libro. Quizás podamos prolongar el
momento de charla amena entre el librero y la compradora, quizás un día sepa su
nombre, no sé si quiero saber su nombre, otro miedo es que se llame, no sé,
José, ningún nombre le va a ir bien porque Dios no tiene nombre, capaz que
nunca le pregunte su nombre, pero sería raro, si él me pregunta el mío le voy a
tener que preguntar el de él. Y otra vez estoy especulando respecto al futuro.
Pero bueno, así como el martes duró poco, mi relato va a durar poco, voy a
seguir pensando, porque es lo único que puedo hacer, voy a leer el libro, voy a
ansiar el martes. No sé muy bien hacia dónde quiero que avance esta situación
pero sí sé que quiero que avance. Espero que me extrañe de verdad. Entonces,
tendré el próximo capítulo cuando vuelva
a existir un martes, hasta entonces.
hermoso -lindo no, hermoso-
ResponderEliminarpapini no me gusta
no lo encares, que quede ahí
ideal
lo real tiene la inconveniencia de la desilusión
gracias! ya está grabado el tercer capítulo, solo voy a adelantar que lamentablemente se comprueba tu última afirmación, en unos días lo subo. un besito nacho, me alegraste mucho con tu apreciación :)
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