domingo, 26 de junio de 2011

El camino hacia ningún lado.

No se aceptan delirios y pasajeros sin destino. No hay que correr riesgos para no perder lo único que se tiene, que aún así, no deja de ser poco. Hay que seguir el camino de los que se dicen exitosos y apostar por un concepto de progreso que no es el propio.
Dicen que si te subís a un colectivo sin querer llegar a ningún lado no estás avanzando por más que vayas hacia adelante y es cierto, pero no siempre hay que avanzar. ¿Por qué no sumirnos en un caótico recorrido sin rumbo y dejarnos llevar? Hay que lograr no tenerle miedo a la ignorancia del futuro y parar un poco de premeditar. Dejemos por un rato de pensar en el bien y en el mal.



lunes, 13 de junio de 2011

El plomero.

Hace cuatro años que se murió mi papá. Algún tiempo después tuvimos que llamar a un plomero para que venga a casa porque la ducha andaba un poco mal. El plomero resultó ser, en muchos aspectos, muy parecido a papá; apariencia similar, chistes ácidos e ingenio para arreglar cosas. No tardé en descubrir estas similitudes y el resto de mi familia tampoco. Ahora cada vez que viene no puedo dejar de observarlo e intento constantemente interactuar con él, el señor es tan simpático que no entiende los mecanismos de proyección que se activan en mi mente cuando lo veo y conversamos.
Por más triste o enfermo que pueda parecer esto, a mí me pone muy contenta, me gusta poder disfrutar de algo tan mundano como recibir a un plomero en mi casa y me encanta que cada tanto mi vida me regale situaciones así. Podría vivir de estas pequeñas cosas, de estos aislados hechos sin sentido y no estaría nunca preocupada.