48 años. Suenan como muchos, ¿no? Es una enorme cantidad de tiempo en la que uno podría tranquilamente construir una vida, inclinarse hacia el estilo que a uno más le guste y proyectar millones de ideas. Aprender de todo un poco y apostarle mucho a una historia de amor. Formar una familia y vivir para eso. Dejar una marca permanente en una gran cantidad de personas.
Pero no son suficientes. A mí no me parecen muchos, cada día me parecen menos. Hay días peores que otros, pero yo SÉ que no fueron suficientes. Nunca hubieran sido suficientes, 70 no hubieran servido tampoco, pero ¿48? Me cagaron.
Lo veo en mi pared y quiero hablarle montones, quiero vomitarle todo lo nuevo que hay en mí para que me conozca y se llene el vacío. Pero no se puede. Ya no me conoce y yo tampoco sé cuánto lo conozco a él. Si teníamos cosas en común no tuvimos el tiempo suficiente para descubrirlo y eso sí que no me gusta. ¿Cómo le hago llegar a alguien que no existe todo lo que me pasa en este momento? ¿Cómo le cuento que ya tengo toda una vida planeada y que soy todo lo que quiero ser?
Quiero que me vea perseverar y triunfar pero ya no ve. Me encantaría escuchar consejos y él ya no habla.
Lo peor es que el tiempo va a seguir pasando y el rock progresivo no va a ser la única incógnita, va haber miles. La distancia entre nosotros va a ser cada vez más grande, por eso sé que no hay cielo y que él no está ahí.
A veces ver el vaso medio lleno harta. No me pueden pedir que piense así. Las cosas hay que aceptarlas como son y frenar y decir “la vida no tiene sentido” no tiene nada de malo. No me voy a pegar un tiro cuando termine de escribir este texto y tampoco voy a caer en un pozo depresivo, pero SÉ que las cosas así no funcionan bien.
Solo me queda una imagen y una idea y tengo que vivir con eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario