De alguna forma fui arrastrada a este campamento sombrío, puede que haya venido engañada con la intención de pasarla bien, no lo sé. Quizás todos los presentes cayeron en la misma trampa que yo. Estamos atrapados, dormimos en habitaciones grandes y sucias en las que se amontonan las camas y es difícil que no superpongamos nuestras angustias cuando nos mandan a dormir. Hay un evento horrible que parece suceder una vez cada tanto, y que yo sólo viví una vez; nos encierran en una habitación inmensa que se inunda casi hasta el techo con la idea de hacernos morir. Aparecen unos peces inmensos nadando entre nuestros pies, nos muerden y hacen que salir a flote sea cada vez más difícil y que solo algunos podamos sobrevivir. Los cuerpos de los muertos pasan por al lado nuestro. Me inunda una única preocupación; la de comunicarme, mi esfuerzo por sobrevivir se centra en esa idea, debo salir de aquí para entenderlo todo hablando con los míos. Quiero saber cómo están y dónde. Siento la angustia más grande, estoy sola, atrapada e incomunicada. No hay catarsis posible.
Hay un guardia en este campamento, un joven despiadado que se encarga de controlarnos, me encontró intentando usar mi celular y me lo sacó, nada le importa, parece seguir órdenes muy estrictas. Me intriga su figura, es el villano de esta historia y como tal no puedo hacer más que intentar investigarlo. Cuando reflexiono sobre él me acecha la idea de que nadie en el mundo puede ser verdaderamente malo, malo en esencia, malo con todos. Intento acercarme a él, saco a flote los temas de conversación más mundanos para probarlo, para ver si puede escapársele algún rasgo de bondad, algún resto de humanidad que no haya sido aplacado por las directivas que lo guían. Mi plan no parece funcionar.
De repente hay noticias, está llegando al campamento un nuevo grupo de gente, entre ellos viene mi mamá. Siento una mezcla de angustia y alivio con su llegada, no puedo dejar de pensar en su potencial sufrimiento y me desespero, corro a verla, quiero advertirla sobre la realidad terrible de este lugar. Mamá se muestra distante, está acompañada por una chica de mi edad que desconozco, está enojada, me reprocha que me haya tomado estas vacaciones y haya dejado a mi familia sola sin ningún intento de comunicación. La advierto sobre la situación, la culpa me gobierna aunque sé que no tiene razón. No parece escucharme, está demasiado enojada, decepcionada quizás. Vuelve a mi mente un pensamiento recurrente en estas semanas de encierro y soledad, quiero saber el paradero de mi hermano, quiero saber cómo está. Cuando formulo la pregunta lo hago con miedo, presiento de alguna forma que la respuesta puede ser la peor, su cara se transforma y aparece una mueca triste y horrorosa, en su enojo no tiene ningún reparo en lanzar "Gonzalo se murió ahogado". Hay algo de reproche en esa frase espantosa que me tira al piso y me desarma por completo, en mi mente solo hay un no gigante y ya no quepo en mi cuerpo, ya no quiero ser más.
Pesadilla del Martes 6 de Mayo de 2014.