Hace un tiempo que intento, quizás vanamente, desprenderme de las imposiciones sociales y culturales que han convivido conmigo desde siempre. Trato de deshacer las ideas que vienen a mi mente, desarmarlas y distinguir su raíz. Voy a intentar entonces, recurriendo a este método, teorizar sobre el amor libre.
Soy producto de una relación amorosa funcional y duradera, que existió dentro de las instituciones más importantes; el Estado y la Iglesia. Por mucho tiempo pensé que ese amor no era amor del libre, lo prejuzgué por sostenerse en esas instituciones que no termino de comprender y que, siento, a veces restringen derechos erróneamente. Pero me equivoqué, sumergidos en este mundo y obedeciendo a su funcionamiento mis padres decidieron firmar papeles y hacer votos cristianos solo para validar la unión que tenían, que no dejó así de ser libre y de ser suya, como siempre. Esta necesidad sí provino de imposiciones externas pero no ensució de modo alguno el vínculo que tenían. Tuvieron una relación de amor profundo que empezó con un enamoramiento muy fuerte y siguió con una elección de vida, la elección de ser uno hasta que la muerte los separe, de construir proyectos de vida juntos. Fueron libres juntos todo el tiempo que pudieron.
Muy a menudo me pregunto si yo quiero tener eso que ellos tuvieron y respondo diferente cada vez. ¿Qué es lo que quiero? Quiero un amor abierto, sin imposiciones, quiero que dentro de la relación las partes se sientan libres de hacer lo que quieran. Creo que un enamoramiento profundo evoluciona, eventualmente, hacia una monogamia sincera, un estado en el que las partes ya no necesitan involucrarse con nadie más. No me gustan las imposiciones y restricciones de las etiquetas, 'ser novios', 'ser marido y mujer', porque cuando la relación pasa a tener un nombre se convierte automáticamente en lo que el nombre define y vive restringida a una definición que es, como todas, arbitraria. Esta monogamia sincera que propongo permite, entonces, que las partes puedan, si les place, interactuar sexualmente con otras personas, no para satisfacer necesidades, porque estas ya están cubiertas por la relación, sino para ejercer sus derechos libremente en ocasiones recreativas u ociosas. Dentro de la relación sincera que estoy planteando idealmente, no es estrictamente necesario que las partes se comuniquen acerca de cada interacción sexual que mantienen con otras personas, puesto que si ambos saben que tienen la posibilidad de hacer lo que les plazca, entonces no hay necesidad de demostrar al otro con hechos que esto efectivamente está ocurriendo. Los celos y los reproches solo existen en las relaciones inseguras que no tienen bases estables, una unión libre como la que imagino estaría desprovista de este tipo de problemas.
Como todo planteo teórico, este que estoy haciendo puede generar en el lector las típicas preguntas prácticas, '¿cómo se consigue una unión de este tipo?', '¿cómo se sostiene en el tiempo?'. Y lo cierto es que no puedo responderlas. Solo teorizo. No estoy cerca de tener una relación de este tipo y no creo que haya un método para conseguirla. Por lo pronto una predisposición sincera al enamoramiento es lo único que tengo y que recomiendo.