domingo, 4 de diciembre de 2011

No se vuelve a ser el mismo.

Desperté horrorizada, recuerdos confusos me llevaban a creer en ese instante que había estado durmiendo por horas. El último sueño había estado tan lleno de frustración que parecía interminable y, consciente de estar inmersa en mi inconsciente, lo hice terminar. De tantas cosas feas que habían pasado por mi cabeza en esos breves diez minutos de siesta solo había quedado bien grabada una frase. En el sueño yo la repetía como una verdad, la promulgaba a un público desconocido y parecía ser la única cosa de la que estaba realmente segura en el mundo; "después de haber visto a alguien transitar el camino hacia la muerte, no se vuelve a ser el mismo".